Y sí… Trabajamos más, pero nos movemos menos

Quien tenga la sensación de que por estos días se invierte mucho más tiempo en el trabajo de oficina que en otras actividades, está en lo correcto. En el caso concreto de las mujeres, resulta que las horas que durante la década de los 60 solían ocuparse en labores domésticas han sido relegadas por tiempo invertido en transportarnos y en un escritorio. Así lo revela el estudio Does household work matter anymore? (Bryant, 2003).

Nadie va a negar que tener un trabajo se ha traducido, entre otras cosas, en independencia económica y desarrollo personal y profesional, pero también es cierto que vivir casi pegadas a una oficina nos ha vuelto más sedentarias. Concretamente, nos ha llevado a realizar 32 por ciento menos de actividad física.

Dicho en números, esto significa que nos movemos 800 horas menos por año (2 horas cada día, 14 horas por semana).

Con las rutinas así, es lógico que no siempre el número de calorías ingeridas a lo largo del día se equipare con el número de calorías gastadas, lo que afecta nuestro balance energético. Y eso, a la larga, puede traducirse en sobrepeso u obesidad. Tres factores que han contribuido al cambio en dicho balance son:

  • Tener menos hijos, pues implica menos requerimientos de trabajo doméstico. Nada de andar corriendo todo el día detrás de ellos y de su ‘tiradero’*. (Habría que considerar que en México, en 1960 el promedio de hijos era de 5, mientras que en 2010 se redujo a 1.7).
  • El desarrollo de la tecnología. Claro que las lavadoras, las secadoras, el horno de microondas… simplifican nuestra vida, pero también reducen la actividad física que conllevan las labores de casa (y no siempre el tiempo libre lo ocupamos en mantenernos activas)*.
  • Comer como actividad secundaria (es decir, mientras se está frente al escritorio, televisión, al teléfono…)**. En promedio, las mujeres dedicamos 11 minutos menos a comer como actividad primordial y pasamos 25 más haciéndolo a la par de otras labores.

Dicho sea de paso: comer o beber a la par de otra actividad dificulta tener consciencia de nuestra ingesta de calorías. Y, en promedio, al hacerlo de este modo ingerimos un 30% más de comida y bebida sin darnos cuenta. En CIFRAS

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El asunto, claro, no es atacar los cambios de vida que hemos experimentado o la comodidad generada por la tecnología, sino reflexionar cómo andan nuestras prioridades, cómo podemos equilibrar la ecuación siempre a favor de nuestro bienestar. Cómo, dentro de estos nuevos esquemas de vida, podemos darnos tiempo para descansar adecuadamente, recrearnos y movernos.

*Fuente: Documento Over Nutrition and Changing Health Status in High Income Countries, presentado en el Forum for Health, Economics and Policy de 2010.

**Fuente: Estudio Time Use Choices and Healthy Body Weight: A Multivariate Analysis of Data from the ATUS.

 ***Fuente: encuesta realizada a 1,521 personas (hombres y mujeres) por el equipo de Brian Wansink, autor de Mindless Eating.

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