¿Qué puede provocar mis antojos?

Todos tenemos antojos y todos nos rendimos a ellos, a veces más conscientemente que otras. Decir que nunca más sucumbiremos a ellos es mentirnos (es como decir que nunca más estaremos de malas). Pero lo que uno sí puede hacer es detectar qué tan seguido nos dan, pues si no se trata de un comer emocional, tanto antojo podría indicar que algunos niveles de nutrientes no andan tan bien en el cuerpo. No pasa nada al hacer caso omiso una que otra vez, pero interpretarlos de manera sistemática como señales de hambre, acallándolos con lo primero que se nos cruza en las manos o con grandes porciones de lo que se nos antoja puede tener sus complicaciones. Finalmente, no le estoy dando al cuerpo lo que en realidad necesita.

¿Qué puede querer decirme el cuerpo?

Algo dulce. Que experimenta fluctuaciones en sus niveles de azúcar y necesita más fibra o alimentos altos en carbohidratos complejos, ambos encargados de regular los niveles de energía.

Algo chocolatoso. El chocolate tiene muchos antioxidantes, pero recurrir siempre a él puede ser ignorar que al cuerpo en realidad le hace falta magnesio, necesario para mantener el equilibro equilibrio energético en las neuronas (por algo es recomendado para los tratamientos antiestrés y anti-depresión).

Algo salado. Puede que nuestro nivel de estrés ande algo alborotado. Realizar varias pausas al día para relajarme, ejercicios de respiración o meditación ayuda. Según estudios de la Universidad de Utah en Salt Lake City, las personas que se dan una pausa para respirar o meditar antes de hincarle el diente a algo salado redujeron sus hormonas de estrés en un 25%, reduciendo así su antojo a la mitad.

Algo carnoso. Falta de hierro, que entre sus principales funciones tiene la de oxidar la glucosa para convertirla en energía. Una falta de hierro puede traducirse en desánimo crónico.

Algo harinoso. Puede indicar una deficiencia de ácidos grasos, que ayudan al funcionamiento del sistema inmunológico, así como al de las neuronas y las transmisiones químicas.

En muchos casos, la solución es más simple: el cuerpo pide agua y, después de una media hora de haber tomado un vaso grande de esta, muchos antojos desaparecen, ya que según estimaciones, 80% de las personas estamos crónicamente deshidratadas. La otra es preguntarse: ¿han pasado más de cuatro horas sin que pruebe algún alimento? Porque esa es otra razón que puede dispararlos.

Con información de The Mayo Clinic.

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