¿Será que la comida puede ser adictiva?

“No podemos dejar de comer ciertos alimentos porque entre sus ingredientes hay ‘agentes adictivos'”. Titulares así, los hemos visto montones de veces por aquí y por allá. Aunque si uno lee con más detalle, resulta que los estudios en los que están basadas las notas no son muy concluyentes que digamos, pues siempre salen a relucir las palabras “sugieren”, “podría”, “efectos similares”, entre otras por el estilo. Eso sí, nunca se explican por qué hay quien auténticamente come de todo y no es obeso ni tiene sobrepeso y por qué hay quienes suelen comer un poco de más y sufren bastante con estos temas.

Pero entonces… ¿Cómo es que alguien también puede hacerse ‘adicto’ a los alimentos ‘saludables’? Ajá, como a los vegetales. O sea, volverse ortoréxico. Ahhhh, no, es que eso es otra cosa, podrá decirse, y recurrir a una definición como la de la National Eating Disorder Organization, que considera a la ortorexia como una “OBSESIÓN no saludable o fijación por comer adecuadamente”. Considerada una enfermedad de carácter psicopatológico (como la bulimia y la anorexia), llevada al extremo, la ortorexia puede ocasionar que una persona evite alimentarse (y por tanto, desnutrición) para no ingerir posibles productos ‘contaminados’.

aquí es cuando sale a relucir que los responsables de que la gente se obsesione con adelgazar y comer saludablemente son los medios. Ajá. Los mismos que se la pasan machacándonos con que todo es adictivo y venenoso. ¡¿Por fin?!

Entre las causas relacionadas con la posibilidad de desarrollar ortorexia están la compulsión por tener un control total, escapar de ciertos temores, asuntos relacionados con la autoestima, ver a la comida ‘saludable’ como un refugio espiritual o usarla para crear una identidad. Ante lo que no está de más preguntar: ¿no puede uno también comer de más otro tipo de alimentos para escapar de ciertos temores o como refugio emocional?

Porque como que algo no cuadra: si uno ‘no puede parar’ otra cosa que no sean vegetales, la causa atribuida es una adicción a sus ingredientes (digamos azúcar o sal), pero si uno no puede parar de comer lechuga, por ejemplo, el asunto es emocional. ¿Que no acaso en ambos casos existe una pulsión o compulsión en la persona en cuestión? 

¿No será que, más, bien, la afición por comer (lo que sea que uno decida comer) es un asunto relacionado con cuestiones emocionales no expresadas o no resueltas? Aunque parezca más sencillo achacarle la responsabilidad a agentes externos, al final del día, lo que como, cuándo lo como y la causa auténtica de por qué lo hago es responsabilidad y decisión mía.

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