Por qué las vacaciones son necesarias

¿Cuándo fue la última vez que saliste de vacaciones? Pasa que estamos tan imbuidos en el trabajo que se nos olvida planear unos días de descanso Peor aún: tomarlos. Que si no hay dinero, que no es momento de pedirlas, que hay demasiados proyectos… Ufff, pretextos disfrazados de razones para no tomar acción nos sobran. Irónicamente, en nuestros pensamientos siempre está la idea de alejarnos de todo unos días. (¡¿!?)

Pero tomarnos unos días de vacaciones no solo es una prestación laboral, también es una necesidad para la mente y el cuerpo. ¿Qué pueden hacer por nosotros unos días de relax, buen sueño, momentos recreativos y sin estar pensando en pendientes todo el día?

  • Darnos otra perspectiva. Después de unos días fuera del rush, mucho de lo que nos consume el día deja de parecer tan ‘primordial’. Como pasar por encima de nuestro bienestar con tal de tener el trabajo listo.
  • Llenarnos de energía. Comer a nuestras horas, dormir lo suficiente, darle tiempo recreativo a nuestra mente y a nuestro cuerpo es útil para quitarnos esa sensación de ‘drenado’ que suele perseguirnos después de una temporada de arduo trabajo.
  • Salirnos de la rutina y activar el cuerpo: Unos buenos días de descanso también son pretexto para sacar con ganas (y de formas recreativas) al cuerpo del típico combo cama-auto-escritorio-auto-sillón.
  • Renovar la creatividad. Estar expuestos a otros estímulos, en otro ambiente y fuera de la rutina es una bocanada de aire para la mente. Relajarnos trae consigo un ánimo más lúdico, menos rígido, ideas frescas.
  • Olvidarse de los problemas puede ayudar a resolverlos. Curiosamente, cuando uno deja de darle vueltas y vueltas a ciertos temas o a esos asuntos que nos han traído de cabeza, las mejores soluciones o caminos aparecen como por arte de magia. Y, muchas veces, resulta que no todo era tan complicado como pensábamos.
  • Hacernos ver que la vida no está en las redes sociales o en internet. Después de unos días sin estar revisando las redes sociales o navegando en sitios de internet casi a tiempo completo, recordamos que lo importante es lo que vivimos fuera de las pantallas, que no todo lo que se dice o ‘sucede’ en el mundillo digital es tan significativo, impactante o primordial como cuando estamos sumergidos en él.

Puede que la palabra verano nos haga anhelar más esos días de despreocupación de la infancia que nunca, pero tampoco hay que perder de vista que ser adulto con un ingreso económico tiene sus ventajas: muchas veces sí podemos escoger en qué época del año queremos salir de vacaciones, dónde, cómo y con quién queremos pasarlas. Solo es cosa de decidirse y hacerlo.

La ilustración que sirve de portada a este post es de Lehel Kovacs. 

 

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