Llevar comida casera a la oficina: la odisea (tips para que no lo sea)

Cuando uno trabaja en una oficina, de pronto dan ganas de llevar comida casera, aunque sea una que otra vez. Pero entonces se piensa en el tiempo que implica prepararla y se desata el desánimo. O uno empieza a hacerlo durante unos días, pero al cabo de un par de semanas se abandona la misión porque resulta demasiado ardua. ¿Por qué no buscar un balance entre salir a comer a una fondita o un restaurante y llevarse comida preparada? Puede ser una buena fórmula para no siempre comer lo mismo, balancear los alimentos y hasta ahorrar un poco de dinero por semana. Aquí, algunos tips que pueden resultar útiles para que eso de preparar comida casera no sea una misión de locura:

  • Olvídate de cocinar para los cinco días: es demasiado. Si preparas un solo platillo, al tercer día lo alucinarás. Si pretendes hacer tres distintos, ya con las manos en la cocina puede representar mucho trabajo. Piensa en hacerlo para dos, máximo tres días (una semana puede ser para dos, otra para tres; otra, descansar).
  • Hazte de unos buenos libros de recetas. Dedica tiempo a buscar aquellos que te ofrezcan platillos realmente atractivos, sencillos de preparar y de acuerdo a tu nivel de experiencia en la cocina. Intentar preparar algo hiperelaborado puede hacer que te tardes montones, que termines con un tiradero de azote en el fregadero y que, a la primera, los resultados no sean los más apetitosos. La fórmula perfecta para hacer aparecer la frustración en 5, 4, 3… Mejor esos déjalos para un fin de semana con toda calma o conforme agarres experiencia.
  • Pinterest también es una buena fuente para obtener recetas distintas, prácticas y sencillas. La variedad y la novedad de prepararte algo nuevo (y lograrlo) es una gran motivación. Busca ensaladas, platos fríos, pastas…
  • Cada semana, dedica un tiempito para escoger los platillos a preparar e incluir la lista de los ingredientes necesarios en tus compras de súper. Así tendrás todo en el momento en que decidas poner manos a la olla.
  • Y… ¿qué día cocinar? El lunes o martes pueden ser mejores opciones que el domingo (¿quién quiere saber algo que de algún modo tiene que ver con trabajo la tarde de un domingo?). Al inicio de la semana aún no te arrastra el ritmo loco de la semana y cocinar puede resultar una actividad muy terapeútica y hasta divertida (sobre todo si implica variedad).
  • En vez de atribuirle a cocinar la etiqueta de deber, piensa en ella como una forma de desestresarte, de apapacharte, de nutrirte (y no sólo a nivel físico). La música resulta una gran compañera. También el novio, el marido o la pareja mientras platican del día o de cualquier otra cosa.

  1. La otra que yo hacía era preparar la cena-comida. Así no es tan pesado ni aburrido 😀

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