Trucos para motivarte a moverte

A veces, empezar algo puede resultar más difícil que el hacerlo en sí. Por aquello de que la mente luego nos juega chueco y le da vueltas y vueltas a las cosas y todo empieza a parecernos un esfuerzo monumental. Pasa con los lunes, pasa con las levantadas, pasa antes de ir a sacudir un poco el cuerpo (sea en la mañana o en la tarde-noche)… ¿Qué hacer?

Sé flexible. Más de una vez, pensar en una hora de ejercicio puede parecerte demasiado. Quizá has tenido unos días agotadores, demasiadas presiones o situaciones imprevistas. Piensa que saldrás a caminar, correr, pedalear (o lo que sea que hagas) solo una media hora, para calentar y despejarte. En una de esas, ya estando ahí, te sientes tan bien que te sigues de largo. Y si no, no pasa nada. Al menos ya te sacudiste un poco.

Recuerda esas otras veces que el ejercicio te ha hecho sentir mejor. Que te invada la pereza de empezar a mover el cuerpo no sucede solo una vez, pero para dejarla de lado puede ser útil pensar en esas otras ocasiones en las que finalmente te has animado a salir y ha cambiado tu ánimo y te has sentido superviva.

Súbele al volumen. No te esperes a estar en el gimnasio o en la calle para poner música animosa. Enciéndela desde que te preparas para salir: ¡es cuando más impulso necesitas! Escuchar alguna de esas canciones que adoras y que te animan a acelerar el ritmo puede ser justo lo que necesitas para que tu cuerpo y tu mente conecten con el bienestar que les provoca moverse y finalmente se coordinen para ponerse los tenis.

Piensa en los logros o avances que has tenido. ¿Te sientes mejor desde que te mueves más? ¿Ha mejorado tu tono muscular? ¿Subes las escaleras de cualquier edificio sin sentir que se te va el aire? ¿Te queda mejor tu ropa? ¿Duermes y comes mejor? ¿Estás menos estresada?… Enumerar ese montón de pequeños grandes beneficios que te ha traído la actividad física es otro gran aliciente para cruzar la puerta de una vez por todas.

Repite un mantra. Por ahí siempre hay alguna frase que hemos escuchado o leído que nos cala hondo e inspira. O algún pensamiento positivo que nos hace sonreír. Repítelo en tu mente un par de veces y ¡a darle!

Queda con alguien. Puede que no siempre hagas actividad física, ejercicio o deporte acompañado, pero quedar con alguien de vez en cuando puede resultarte bastante animoso. Suele ser más difícil ponerle pretextos a alguien a quien te da gusto ver. Si ya quedaron, ya quedaron y ponerse al día o chacotear hará incluso que la actividad resulte más ligera.

Rompe tu rutina con cierta regularidad. Si de algún modo la actividad física que estás haciendo ya no te representa un reto, busca cambiar la ruta que recorres, el orden o la intensidad con la que haces tus ejercicios, el horario… Empezar a actuar mecánicamente puede llevarse al traste tus ánimos. Y el chiste es que disfrutes, te sientas mejor y notes cómo tu cuerpo responde a la actividad física.

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