Y… ¿cómo influye el clima en los antojos?

No es ninguna novedad. En los días lluviosos y fríos nos descubrimos con más ganas de consumir cosas dulces o grasosas, así como bebidas calientes. Y es que con el otoño-invierno, también llega la temporada en la que puede atacarnos el llamado Síndrome del Trastorno Afectivo Estacional.

Menos sol, menos vitamina D, menor segregación de serotonina (la hormona ‘del humor’) y disminución de la temperatura corporal hacen que nuestro cuerpo requiera una dosis más alta de energía para mantenerse calientito y andando.

Entre esa auténtica necesidad física, provocada por una serie de procesos químicos del cerebro, y el deseo mental de ‘animar’ los días nublados y fríos, los antojos que más fácilmente podemos formular son esos que nos parecen ‘reconfortantes’ o con ‘calor de hogar’. Antojos que queremos a la voz de ¡ya!

Si a eso sumamos que el último trimestre del año también es una época llena de celebraciones, vaya si perder la noción del equilibrio a la hora de alimentarnos puede ser cosa ‘fácil’.

Y entonces… ¿Qué hacer?

  • Redoblar la atención que le pongo al cuerpo y al balance de mi alimentación.
  • Aumentar mi consumo de vitaminas, minerales, hidratos de carbono y antioxidantes, así como de tubérculos y cereales.
  • Grandes aliados de la temporada pueden ser sopas y caldos calientes en todas sus variedades: desde pastas, pasando por aquellas hechas a base de leguminosas y hasta de verduras.
  • Alimentos altos en complejo B (panes integrales, arroz…), así como frutos deshidratados (manzanas, dátiles…) y secos (nueces, almendras, pistaches, pasas).
  • Nunca olvidar que es mejor darme una indulgencia de vez en cuando que limitarme por completo.
  • Recordar que, como siempre, la cosa es alimentarme con conciencia y equilibradamente.
  • Hidratarme. Aunque baje la temperatura y me dé menos sed, mi cuerpo necesita líquidos.
  • No dejarme arrastrar por la flojera y el sedentarismo. Realizar actividad física también hará entrar al cuerpo en calor y subirá mis ánimos (y como dicen, al hacer ejercicio en serio, uno tiende a tener menos líos con aquello de equilibrar la comida).
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