De cómo la forma de comer afecta nuestra energía

Ajá. Como toda máquina, el cuerpo que nos lleva y nos trae necesita su dosis de combustible; la cosa no es llenarle el tanque solo por llenárselo. La forma en la que comemos, las cantidades que nos servimos y hasta las mezclas que hacemos tienen sus efectos en la energía que le cargas. Digamos…

Comer a velocidad luz. Tí-pi-co: uno llega a la mesa tan hambreado que casi casi se devora hasta la servilleta en cuestión de minutos, para después sentirse como auténtico pez globo. Y cómo no. Comer a las prisas implica liberar ansiedad, masticar mal y tragar (literal) más aire; de ahí que se nos ‘infle’ la panza. ¿Lo ideal? Darnos mínimo 30 minutos para comer y así masticar correctamente, lo que favorece una rápida y buena digestión, además de permitirnos absorber los nutrientes como se debe. De este modo, nuestro metabolismo no se alenta y la energía se mantiene en balance.

‘Dejarse ir’. Sí, la comida es uno de los grandes placeres de la vida. Y tener sobre la mesa cosas deliciosas puede enloquecer a nuestro troglodita interno. Pero al ‘soltarle la correa’ aparecen la distensión abdominal, las náuseas y hasta la regurgitación; básicamente eso llamado indigestión. Básicamente, cualquier alimento en exceso desata una respuesta neuronal que le indica al cuerpo reducir el paso, para que la energía disponible pueda centrarse en hacer la digestión. De ahí el ‘bajón’ que nos hace clamar por una cobija y una almohada. Además, un atracón puede llevarnos a darnos otro atracón y a otro, y provocar que terminemos por confundir la indigestión con la sensación de saciedad. . ¿Lo ideal? Comer un poco de todo, variado y de forma pausada; siempre a nuestras horas.

‘Matarse’ de hambre’. El otro extremo es privar al cuerpo de combustible. Servirse porciones diminutas, comida sin variedad, desterrar los carbohidratos (u otra categoría de alimentos) o ingerir un único alimento al día no solo deja un ‘hueco en el estómago’, también apachurra el ánimo. ¿Lo ideal? Incluir en cada comida una adecuada y variada cantidad de nutrientes, de acuerdo a nuestras actividades y características físicas. Así el cerebro y el sistema nervioso podrán hacer el trabajo de regular la energía.

*La ilustración en la portada del post es de Andrew Banecker.

Lo antes posteado:

Comer con amor

Vivir ‘a dieta’ vs comer con equilibrio

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