4 remedios simples para el cansancio

¡Ah, la energía! Tan necesaria y luego uno nomás la desperdicia, a veces sin siquiera darse cuenta. Y pasa que terminar agotado al final del día o iniciarlo con la rayita en la reserva se vuelve tan común que uno termina por olvidar cómo es eso de sentirse entero. Por suerte, hay remedio, y no es tan complicado:

Que los buenos momentos no me agoten. Hay que decirlo: los grandes acontecimientos de la vida alegran, pero también drenan. Tener un bebé, una mudanza, un puesto nuevo… Todo es emocionante y a-go-ta-dor a un mismo tiempo. ¿Qué hacer? Trazar un plan de acción honesto y realista (nada de hacerse el héroe y querer empacar una casa en un fin de semana, por ejemplo) que sirva para priorizar y reconocer cuándo es momento de pedir ayuda, de decir “no puedo más”, de hacer una pausa o de ponerle un alto al trabajo.

Olvidarme del asfalto cada que sea posible. No es que uno deba irse al bosque todos los días (aunque, de poderse, no estaría mal), pero pasar gran parte del día entre cuatro paredes, bajo luz artificial y caminar sobre pavimento todo el tiempo no es precisamente algo que llene de energía. ¿Qué hacer? Visitar ese parque o zona arbolada cercana siempre que se pueda: por la mañana, por la noche, los fines de semana… Aunque sea unos momentitos. Observar los cambios de las estaciones y compararlos con los propios es algo muy simple que puede ayudar mucho a renovar el ánimo.

¡Shu, shu, nubarrón pesimista! Cuando la rutina arrastra, es facilísimo pensar (un día y otro también) aquello de “todo lo malo solo me pasa a mí”. ¿Qué hacer? Revisar si en mi diálogo interno repito: ‘Todo es mi culpa”, “lo que hago es un desastre”,  el clásico “es la historia de mi vida”… Y olvidar aquello de que ser optimista es una moda o autoengañarse; porque más bien es un estilo de vida que puede traerme grandes beneficios. De entrada, ver los cambios como una oportunidad o un nuevo reto, en vez de una carga. Así, enfrentarlos no solo resulta más sencillo, también más alentador.

Pintar la raya. Uno no debe permitirse ser el recogedor o la aspiradora de emociones de nadie; sin límites y filtros, la energía se esfuma. ¿Qué hacer? Aprender a decir no a personas, situaciones incómodas o tareas innecesarias. El cuerpo es sabio y es el primero en manifestar que es tiempo de cambiar de aires. Nomás hay que escucharlo. Sacar de mi vida a la gente tóxica y no atender asuntos de oficina cuando ya he salido de ésta son dos pequeños grandes pasos.

Lo antes posteado:

Hábitos para deshacerte del estrés

Cómo lidiar con la sobrecarga de trabajo

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