Microrresoluciones para generar un cambio verdadero

Ajá, ya vamos por el primer trimestre del año. Y… ¿cuántas de esas acciones bienestarosas o propósitos de año nuevo que nos prometimos “ahora sí” llevar a cabo realmente estamos realizando? Si ya más bien uno no logra levantarse temprano a mover el cuerpo tan seguido, si del escritorio de la oficina se pasa directito al sillón de casa o si la membresía del gimnasio sigue corriendo pero sin uno, es buen momento para hablar de eso que la autora Caroline Arnold ha llamado microrresoluciones.

¿Y qué carambas es eso? Ah, pues esas pequeñas modificaciones de comportamiento que se incorporan a los hábitos diarios y que pueden ser definitivas para evitar tres errores típicos:

Fijarse metas hiperambiciosas. Nos decimos cosas como que recorreremos miles de kilómetros en tiempo récord y sin mayor esfuerzo, que bajaremos esos kilos extra en cuestión de semanas o que bastarán unos días para transformar de pies a cabeza nuestros hábitos. Pero como requieren tanta, pero tanta energía y una fuerza de voluntad descomunal, es casi seguro que nunca se vuelven parte de la rutina como para hacerlas “en automático”.

Buscar cambios drásticos. No es que esté mal querer hacer o lograr algo completamente distinto, pero un cambio drástico, que implica pisar terrenos poco familiares, tiene demasiadas posibilidades de quedarse a medio camino.

Compararnos o ser muy generales. Cada quien es distinto, por lo que las metas personales no deben basarse en lo que le tomó a otros lograr algo parecido. Y para medirse en términos de éxito, resulta mucho más sencillo convertir pequeñas grandes acciones en hábitos cotidianos que esos deseos grandilocuentes y abstractos.

¿Y entonces, qué plan?

¡Acción! Es cosa de ponerme atención y anotar esos hábitos que quiero cambiar. Si algo es clave es descubrir las causas y los efectos de los hábitos que ya tengo, para lo que resulta muy útil aquello del mindfulness.

Elegir una ‘señal’. Es decir, una acción o situación que ya sea parte de mi rutina o de mi conducta en piloto automático que pueda ayudame a recordar mi propósito. El chiste, según esta teoría de las microrresoluciones, es asociar un nuevo hábito a una conducta ya existente para que realmente ‘pegue’.

Crear mi mantra. Básicamente, se trata de repetirme una frase que refleje la meta que quiero alcanzar y en la que debo concentrarme cuando aparece mi ‘señal’.

Micro es micro. Fijada una meta, nada de modificarla para engrandecerla. Lo importante es reconocer y disfrutar el gran valor de los microcambios.

*Con información del libro Small Move, Big Change, de Caroline Arnold.

Anuncios

¿Algo que quieras comentar?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: