¿Podemos ser adictos al azúcar?

“El azúcar es tan adictiva como una droga, por eso no podemos dejar de comer los productos que la contienen”. ¿Cuántas veces hemos leído o escuchado esto por ahí? Montones de veces. ¿Y nos lo hemos creído así como así? Sí, es muy, muy probable que sí (la verdad, siempre será más fácil ir por ahí con la idea de que la responsabilidad de lo que nos sucede es externa, no propia). Pero las cosas a nivel biológico no son precisamente así.

Nuestro cerebro está programado para encontrar ciertas cosas agradables y estimular su repetición porque las considera necesarias para vivir, como comer o tener sexo. Pero resulta que actividades como apostar o hacer ejercicio (sí, hacer ejercicio) también estimulan la llamada “zona de placer”, pues alimentan la producción de dopamina (básicamente responsable de regular nuestro entusiasmo o motivación). Pero ello no se traduce en que unas u otras sean adictivas, puesto que no estimulan la zona dopaminérgica de la misma forma que una droga, por ejemplo.

¿Por qué no? Porque una adicción involucra cuestiones biológicas y conductuales. Una característica básica de ésta es la pérdida de control en el consumo de una sustancia. También pensar obsesivamente en ella (al grado de que no hay otra cosa más importante en la vida que volverla aconsumir) o el síndrome de abstinencia. Y, en sí, una adicción trastorna por completo la vida de una persona, al grado de dejar de ser funcional.

Quizá alguien diga “pero yo siento eso por el azúcar” o “es justo lo que me pasa”. La cosa es que, biológicamente, una droga (como la heroína o la cocaína), estimula la zona dopaminérgica con 10 veces más fuerza* que un chocolate, digamos. Y el impacto es tal, que un consumo regular de drogas termina por debilitar el sistema de la dopamina (de modo que cada vez se necesita más droga para estimular la zona de placer). Además, para que se dé una adicción deben existir un agente adictivo (es decir, la sustancia), una personalidad adictiva (algo más probable si se tiene un padre alcohólico o drogadicto, por ejemplo) y un ambiente propicio para ello.

Ahora, de acuerdo con los testimonios de varios investigadores en este artículo , determinar si una sustancia es adictiva (y cuánto) no es cualquier cosa, porque depende de muchos factores y de cada organismo. Incluso, de la información genética de cada quien. Es diferente determinar qué tan adictiva es una sustancia y por otro lado, qué tan sensible eres a ser adicto a esta o a cualquier otra sustancia (una personalidad adictiva no tiene que ver con las sustancias adictivas; de ahí que, por ejemplo, alguien puede pasar de beber mucho a hacer mucho ejercicio).

Así que cuando la vida de alguien se trastoca a raíz de la comida, los expertos más bien hablan de una obesidad patológica, pues en términos estrictos, una cosa es una adicción y otra, muy distinta, una ingesta calórica  descontrolada.

Quizás habría que reflexionar si el uso del término adicción no se hace muy a la ligera y en lo poco conveniente que resulta, porque de algún modo ‘libera’ a una persona de su responsabilidad individual; en este caso, en cuestiones alimenticias.

Para entender mejor este asunto de la dopamina y las zonas de placer, conviene echarle un ojo a este video:

Con información del National Institute of Drug Abuse.

Lo antes posteado:

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