Palabras para inspirarse

A veces hay que conocer las historias o los pensamientos de otras personas sobre la actividad física (la que sea) para animarnos a emprender nuestra propia aventura. Así que con este extracto de Running and Being, del Dr. George Sheehan (un cardiólogo convertido en escritor) y publicado en 1978 pero reimpreso por su aniversario 35 (y el actual enorme amor por correr) arranca una serie de posts dedicada a esos libros que uno no solo quiere subrayar, sino poner en práctica. Vivir en cuerpo propio…

Running and Being. Del capítulo Running.

“Cada kilómetro que corro es mi primero. Cada hora en los caminos es un nuevo comienzo. Cada día que me pongo mi ropa para correr, vuelvo a nacer. Ver las cosas como si fuera la primera vez; ver lo familiar como desconocido, lo común como extraño. Hacer lo que Goethe dijo que era lo más difícil del mundo: ver con mis propios ojos aquello que se extiende ante mí. Llevar a esa salida a correr, a ese juego, la actitud del niño, la percepción de un poeta. Ser un principiante con la mente de un principiante, el corazón de un principiante, el cuerpo de un principiante.

No hay otra forma de correr, no hay otra forma de vivir. De otro modo, mis carreras pierden sentido, se convierten en lapsos carentes de inspiración. Correr se convierte en rutina, en parte de la apatía cotidiana y la indiferencia que el poeta John Hall Wheelock llamó un escudo entre nosotros y la realidad. Se convierte en una tarea, en un hábito. Y el hábito mata la consciencia y nos separa de nosotros mismos.

Mi consciencia empieza con mi cuerpo, mi cuerpo de principiante. Cada día descubro cómo respirar. Probar el aire. Sentir cómo se mueve a través de mis pulmones. Aprendo a exhalar por completo, a gemir y a gruñir, marcando mi paso por los campos y los árboles como un animal.

Cada día busco cómo correr. Sintiendo el impulso de los tendones en las corvas. Dejando que el pie caiga debajo de la rodilla. Llegando a la forma que el niño adopta de manera natural. El cuerpo, quizá un poco más fuerte, ciertamente más resistente, debe de tener estas ideas tan frescas como si acabara de pensarlas. Y luego, concentrarse en este inicio y sentir la alegría del principiante al hacer muy bien esto tan tremendamente simple pero a la vez tan tremendamente complicado.

A partir de ahí se hace cada vez más y más difícil. Es relativamente sencillo regresar a los básicos con el cuerpo. Pero tener un corazón y un cuerpo de principiante es un asunto distinto. Tomar la vista, el olfato, el oído y el tacto, y convertirte en un nuevo Adán en un nuevo Edén es difícil incluso para un poeta. Incluso para quienes viven y son más partícipes de su propia existencia. Pero como ellos, debo de escuchar y descubrir el conocimiento olvidado. Debo de responder a todo lo que me rodea y habita en mi interior.

Los poetas lo hacen de manera natural. Un buen poeta, escribió James Dickey, es como una máquina sin el controlador encendido. Y no es bueno que la gente diga que la vida no debe de importar tanto para un poeta. El verdadero buen poeta, dijo Dickey, no tiene opción; es así.

Lo mejor que muchos de nosotros podemos hacer es ser poetas durante una hora. Que sea la hora en la que corremos o jugamos tenis, golf o hacemos jardinería. Quítale esa hora a ser un adulto serio para convertirte en un principiante serio. Quítale una hora a lo que Shelley llamó una vida de error, ignorancia y conflicto, y llénala de amor, belleza y placer.”

Un extracto más amplio en inglés, acá

 Traducción: Habitolicious.

 

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