Un decálogo para dejar atrás esos malos hábitos

Hay días en los que uno se siente ultramotivado a dejar atrás ese hábito que tanto nos molesta. Frases como ‘Hoy es EL día’ y ‘Ahora sí’ se convierten en mantras que a la vuelta de unos días se esfuman con justificaciones como ‘solo se vive una vez’, ‘solo es un regalito…’, etc. La cosa sería fabulosa si se quedara ahí, pero encima salen a relucir los terribles sentimientos de culpabilidad y fracaso. Para abandonar ese círculo vicioso, he aquí algunos puntos útiles:

  1. Recordar que la mayor razón para cambiar es por autocompasión y amor a uno mismo.
  2. Encontrar un punto medio entre el ‘será muy difícil’ o ‘será muy fácil’. Ni muy, muy ni tan, tan, pues.
  3. Buscar un porqué más profundo en caso de que se ponga ruda la cosa. ¿Realmente por qué quiero dejar hacer algo? ¿Por salud? ¿Para dar un buen ejemplo a mis hijos?
  4. Poner un plazo para comenzar entre 3 y 7 días. Después, ayuda contárselo a quien se deje para aumentar el grado de compromiso que se siente.
  5. Dejar que los demás se involucren. Crear un blog para compartir mi experiencia o pedirle a un amigo que me pregunte con frecuencia cómo voy. El chiste es que ese alguien acuda en mi ayuda cuando me sienta un caso perdido (otra vez).
  6. Detectar mis disparadores. Como todo hábito inadecuado tiene algo que lo ocasiona, hay que poner especial atención al ambiente que me rodea. Por ejemplo, el estrés provoca que uno se coma las uñas; dormir hasta tarde hace que levantarse temprano sea como una misión imposible.
  7. Descubrir qué estoy ‘llenando’ con ese hábito. ¿Me como las emociones?, por ejemplo. Llevar un minidiario ayuda a estar más consciente de nuestros actos.
  8. Encontrar una salida bienestarosa a esas situaciones tentadoras. Una caminata de 15 minutos para bajar el estrés, por ejemplo.
  9. Hacerme de recordatorios. Ya detectadas las situaciones o emociones que disparan los hábitos no deseados, una notita, una charla inspiradora, música o frases positivas pueden resultar un buen motor para seguir adelante.
  10. No hacerle al ‘negociador’. Eso de ‘5 minutitos más de sueño’ que se convierten en dos horas más es el ejemplo más claro de cómo funciona nuestro negociador (o mejor dicho procrastinador) interno. ¡Oops!

Con información de Zenhabits.

Lo antes posteado:

Signos de estrés que no debes de ignorar (y posiblemente lo haces)

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