Algunas señales de que te sobre-ejercitas

Moverse para divertirse, ser más saludable, pasar un rato agradable, relajarse o solo por el placer de hacerlo no tendría por qué hacerle daño a nadie, ¿cierto? Toda actividad física cuenta, pero por alguna razón luego se piensa que hay una que ‘cuenta más que otra’ por su nivel de intensidad. El problema con dicho pensamiento no solo es que se establecen estándares muy altos y rígidos, sino que se pone en riesgo la salud. Ya sea porque uno se pasa horas en el gimnasio, se está en un programa para atletas de alto rendimiento (sin serlo) o no se lleva una alimentación adecuada, éstas son algunas señales del cuerpo que gritan “¡bájale dos rayitas”!:

  • Me falta el aliento cuando me ejercito. Una cosa es que se acelere la respiración y otra es de plano no poder respirar.
  • Tengo molestias físicas más allá de los típicos dolores del famoso ácido láctico. Es muuuuuy común ignorar estos dolores y pensar que son parte del ejercicio.
  • Ya no puedo ejercitarme tanto tiempo como antes. Lo que antes eran 45 minutos de actividad física, ahora se reducen a 30. Lo peor es que siento culpa y pretendo forzar todavía más al cuerpo.
  • Mi desempeño se ha estancado y de pronto me cuesta cada vez más trabajo cumplir mis metas. Puedo echarle ‘los kilos del mundo’, pero no veo avances.
  • Comienzo a temerle a mis rutinas de ejercicio. De plano, una parte de mí sabe que me estoy excediendo e incluso me he cachado inventando excusas para no hacer ejercicio.
  • Mi sueño se ve afectado: me cuesta dormirme o me levanto a-go-ta-do.
  • Me estoy volviendo malhumorado, sensible, ansioso o ando ‘bajoneado’ sin entender muy bien por qué.
  • Las enfermedades y yo somos uno mismo. Gripas, malestar en el estómago, dolores de cabeza… El caso es que me he vuelto un manojo de síntomas que además duran más tiempo de lo que deberían.
  • Tengo un hambre monstruosa que, encima, me tiene de malas tooodo el día.
  • Mi libido ha disminuido y lo único que quiero es dormir.
  • Solo me siento lleno de energía cuando realizo actividad física muy intensa y el resto del día ando arrastrando la cobija.
  • He dejado de hacer cosas que me gustan por hacer ejercicio. He dejado de ver a mi pareja, familia o amigos porque ‘tengo una cita’ con la actividad física.

Sin duda, la clave es escuchar al cuerpo. Después de todo, la bienestarosidad es un camino para toda la vida, no una carrera exprés.

Con información de Mayo Clinic y MindBodyGreen. La ilustración en portada es de Radio.

Lo antes posteado:

Cómo respirar para cada tipo de ejercicio

8 sorprendentes cosas que le hacen bien a tu corazón

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