3 ‘demonios’ alimentarios… Reivindicados

Típico. Cada cierto tiempo aparece un nuevo archienemigo de la salud alimentaria. ‘Argumentos’ y ‘estudios científicos’ para desterrarlo de la alacena y la mesa sobran, pero pasado un tiempo se ‘descubre’ que dicho nutrimento o alimento no era ni sombra de lo ‘malo’ que se había pintado, que la cuestión iba un poco por otro lado o que había ciertas ‘letras chiquitas’ a tomar en cuenta. Tal como los azúcares y la proteína de los cereales (mejor conocida como gluten) desatan polémicas, amores y odios en estos días, por acá algunos nutrimentos o alimentos que han pasado por ese camino de satanización-reivindicación…

CARBOHIDRATOS

Muchos cayeron en la trampa de las dietas ‘libres’ o ‘bajas’ en carbohidratos, pensando además que éstos se limitaban al pan o a la pasta. ¡Error! En realidad, los carbohidratos se encuentran en muchos alimentos (ajá: frutas y verduras incluidas) y su principal función no es ‘hacernos subir de peso’, sino llenar al cuerpo de energía durante el día, en particular al cerebro y al sistema nervioso. Encima, no comer los carbohidratos necesarios puede provocar que se ingieran más grasas para compensar las calorías no ingeridas como carbohidratos. Plop.

Ahora, para no meter la pata y clasificarlos como ‘buenos’ o ‘malos’ hay que saber que al ingerir un carbohidrato, éste llega al torrente sanguíneo en forma de glucosa (la bendita proveedora de energía). Con qué rapidez se libera la glucosa dentro del torrente sanguíneo es la diferencia entre sentir subidones-bajones de energía o en mantener niveles regulares de ésta. Por eso, la clave de los carbohidratos (como en toda la alimentación) es ser consciente de las cantidades consumidas y con qué se combinan. Carbohidratos y fibras, por ejemplo,  (pasta + ensalada, digamos) son un gran combo.

Eso sí, la glucosa no fue utilizada en una actividad física es almacenada en la reserva energética de largo plazo (también conocida como grasita). Por eso es tan importante un balance entre alimentación y actividad física.

HUEVO

Hace algunas décadas, médicos y nutriólogos aseguraron que comer huevo elevaba el nivel de colesterol y de paso, el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Pero en los últimos años han recomendado regresarlo al plato porque además de ser rico en aminoácidos y Omega 3, es una gran fuente de proteína y vitamina A, D y E. Además de haberse esclarecido que en esos altos niveles de colesterol influían los otros alimentos con lo que se combinaba el huevo (exceso de grasas, por ejemplo).

Bueno, pero y entonces: ¿contiene o no contiene colesterol la yema del huevo? Sí, aunque los estudios más recientes prueban que tampoco hay razón para tildarlas de villanas así nomás. El Dr. John Berardi, fundador de Precision Nutrition, explica que en un cuerpo saludable existe poca relación entre el colesterol ingerido y la presencia de éste en la sangre. Es más, el organismo lo produce de manera natural (entre 1 y 2 gramos al día), pues es necesario para la producción de hormonas o el recubrimiento de las células. Así que, en conjunto,  el huevo es un alimento que proporciona nutrimentos requeridos por el cuerpo.

CARNE DE CERDO

Que si los cisticercos, los nitratos, las ‘toneladas’ de grasa… Durante años, la carne de cerdo fue prácticamente vetada de las mesas por dichas razones, pero ahora muchos expertos en nutrición la han retomado como una gran fuente de proteína cuya grasa tampoco es tan ‘mala’ como se creía. ¿Cómo así? Pues porque se hizo la distinción de que todas las carnes (res, cordero y cerdo incluido) tienen grasas saturadas por naturaleza, pero también cortes magros. Vamos, que el tocino y el chicharrón sean grasas saturadas no significa que el resto de la carne del puerco esté constituida de la misma forma.

En cuanto a las bacterias, como con cualquier tipo de carne, es importante recordar que mientras se cocine de manera adecuada no se corre ningún riesgo. 

Total, lo dicho una y otra vez: la clave de la alimentación está en la variedad, en las porciones y en las combinaciones de alimentos que se hacen. Por eso, antes de eliminar alimentos o nutrimentos porque ‘está de moda’ o porque es de lo que todo mundo habla, mejor asesorarse con un verdadero experto que tome en cuenta nuestras necesidades y características personales.

La ilustración es de Teo Zirinis.

Lo antes posteado:

¿Se las puede arreglar uno sin alimentos empacados-procesados?

Una lectura bienestarosa: Comer sin miedo

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