Shu, shu al estrés crónico

¡Oh, el canijo estrés!… Ese que algunos especialistas consideran la nueva epidemia de nuestra sociedad, pues no solo tiene un impacto a nivel físico, sino también emocional. Y para cuando nos damos cuenta, ya ha afectado trabajo, relaciones personales y hasta la cómo nos relacionamos con nosotros mismos. Plop. ¿Que cómo combatirlo en serio? Así mero:

Acepta la verdadera raíz del problema. No, no son dolorcitos de cabeza que ‘quién sabe de dónde vienen’ o una gastritis terrible que ‘apareció de la nada’. Estás estresado y eso es lo que hay que arreglar.

Relájate activamente. “Pe, pe, pero, ¿cómo?”, preguntarás. Recurre a tu poder de acción y mueve tu cuerpo y endorfinas. Sal, camina, despéinate y baila un poco, sacúdete, estírate… ¡Mué-ve-te!

Hazte de buenas herramientas. Ya sean técnicas de respiración, posturas de yoga, estiramientos, una terapia regular, técnicas de meditación sencillas… Una vez que las domines, podrás recurrir a ellas en momentos críticos.

Cambia tu perspectiva. No es el cuadro en sí sino el cristal a través del cual lo ves. Rompe con tu zona de ‘confort’ y date cuenta de que no es para tanto. De verdad.

Respira (¡pero bien!). Cuando entras en estados de ansiedad, el cuerpo acelera su respiración y le quita profundidad a cada inhalación. De ahí la importancia de hacer una pausita y realizar varios ejercicios de inhalación profunda: si el cerebro se llena de oxígeno, se te aclaran las ideas.

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