De cómo finalmente dejé de culpar a mi cuerpo por mi frustración romántica

“No puedo tener novio porque estoy demasiado gorda”

Esto fue lo que me dije a mí misma durante muchos años. Tanto, que se convirtió en un hábito mental difícil de erradicar.

Regresemos un poco… Durante mi adolescencia y juventud, mi cuerpo se transformó en uno que no era considerado “atractivo”. Al menos era lo que yo creía. Era talla 12, tenía mucha celulitis en los muslos y ‘llantitas’.

Como una chica soltera, el hecho de ser ‘gordita’ me obsesionaba cada noche que salía. Antes de atreverme a elegir un atuendo, me servía un poco de vodka. Como relojito, después del tercer atuendo fallido, mi roomie tocaba la puerta.

“¿Todo bien ahí dentro, Kel?”

“Estoy tan gorda que no puedo lidiar conmigo misma. ¿Puedo ponerme mis pantalones para hacer yoga?”

Esperando remediar la situación, ella entraría a mi cuarto y me daría otro shot de vodka, mientras una canción de Beyoncé sonaba en su computadora.

Conforme el vodka hiciera efecto, escarbaría la pila de ropa en busca del primer atuendo elegido, que consistía en un par de skinny jeans que me apretaban las caderas y un top que no dejaba nada a la imaginación. Pensaba: “Si dejo que vean mi escote, puede que no vean el resto”.

Cada que le daba mi identificación al cadenero, era como si me hubiera anotado a una noche en busca de validación. Equiparaba sentirme digna con recibir atención masculina. Cualquier mirada, acercamiento o baile confirmaba que era deseable.

Mientras mis amigas y yo bailábamos los últimos éxitos del momento, pretendía no escuchar mi monólogo interno gritando comparaciones celosas sobre los cuerpos de otras chicas. Incluyendo, tristemente, a mis propias amigas. Si no conocía a algún chico, esas noches terminaban conmigo devorándome una bolsa de papas y un llanto épico, mientras escuchaba algún álbum de Elliot Smith.

Después de algunos años de este patrón y demasiadas relaciones cortas e insatisfechas, me encontré a mí misma preguntándome: “¿Por qué sigo haciéndome esto?”. Había sido criada por padres increíbles, sentía el cariño desbordante de mi familia y amigos, y parecía tener un futuro brillante. Pero aún sentía que algo faltaba. Quería ser deseada por alguien, pero pensaba que lo único que evitaba que encontrara el amor era mi cuerpo.

No tenía el cuerpo que los medios le enseñan a los chicos que deben desear. No tenía el cuerpo que los medios me decían que yo debía de tener. Esto me hacía sentir muy inferior.

Por supuesto, esta sensación no me sorprendía: los medios me dijeron desde una temprana edad que no tenía el cuerpo que debería. Recuerdo la pared de una tienda de moda llena de jean durante mi adolescencia. Mi talla se encontraba hasta arriba, donde no podía alcanzarlos. Recuerdo la primera vez que mi novio me compró pastillas para bajar de peso. Recuerdo cuando un chico en la universidad me dijo: “Eres como dos chicas metidas en el cuerpo de una sola porque eres más grande. Pero aún así eres atractiva.”

Sé que no todas las mujeres (y/u hombres) se sienten así. Hay algunas mujeres a las que les hablo sobre esto y no tienen idea de a qué me refiero; de hecho, algunas probablemente creen que las estoy mandando 50 años atrás. Y sé que hay muchos hombres heterosexuales que no basan su interés en las mujeres en la presión de los medios.

Sé que esto es verdad para otras, pero lo más importante: era verdad para mí. ¿Así que qué tenía para dar?

El problema no era mi cuerpo, el problema era cómo me sentía conmigo misma.

Brené Brown dice: “La gente que tiene un fuerte sentido de amor y pertenencia cree ser digna de amor y pertenencia”. Pues bueno, yo nunca me había sentido merecedora de amor ni de pertenencia porque no me amaba a mí misma.

Después de darme cuenta de esto, le declaré al universo que ya había sido suficiente. Iba a aprender/elegir llenar el vacío que llevaba dentro y me iba a amar primero. Escribí estas nuevas verdades y recordatorios.

  • Tienes un cuerpo hermoso
  • Eres más que la forma de tu cuerpo
  • Mantén tu cabeza en alto y tus hombros atrás
  • La paz viene de adentro, no de afuera
  • La confianza en una misma es atractiva
  • Redefine lo que crees merecer
  • Deja de hacer dietas. Come comida real
  • Muévete a diario
  • Todos podemos ver lo que tú crees estar escondiendo
  • Liberarte de tus inseguridades comienza por admitirlas
  • No hay nadie igual a ti en el mundo
  • No necesitas SER nada porque ya ERES todo
  • Eres la única que puede quitarte tu valía
  • Eres suficiente, eres suficiente, eres suficiente (repítelo hasta creerlo)

Después de dirigir mi vida con estas nuevas verdades, vinieron muchas cosas positivas. Encontré mi llamado, sané mi relación con la comida y encontré al amor de mi vida. Lo más importante, sin embargo, era que estaba empezando a aceptarme a mí misma. Con todo y celulitis.

Sin importar tu género o sexualidad, el primer paso para encontrar el amor es saber que eres digna de ello.

Por acá, el artículo original (en inglés) publicado en Mind Body Green.

Lo antes posteado:

Por qué te conviene escuchar a tu cuerpo

Razones para dejar de declararle la guerra al cuerpo

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