Las 6 accciones bienestarosas que de verdad me cambiaron los días

Hubo un tiempo en el que de plano vivía para trabajar. Hasta que llegó un punto en el que ya transitaba exhausta el día entero, siempre me quejaba de todo y echaba ‘lumbre’ por cualquier cosa… Básicamente alcancé eso que llaman burn out. Hecha un trapo, decidí que necesitaba tratarme un poquito mejor. Cinco años después, con una hija de por medio y todo lo que implica ser mamá, puedo decir que haber tomado varias medidas serias ‘me salvó’. Y he aquí un listado de las que más contribuyeron a recuperar mi balance físico, mental y anímico. No son complicadísimas ni las implementé todas al mismo tiempo; en realidad, una fue llamando a la otra…

  1. Meditar. Diría que esta es la decisión más importante que he tomado relacionada con mi bienestar. Tan pronto me senté a observar mi respiración de manera habitual (porque eso es meditar) mis días cambiaron. De verdad. Hacerlo entre 15-20 minutos en principio me ayudó a encontrar serenidad, a dejar de tomarme todo tan en serio,  a aceptar y nombrar mis emociones, a no vivir (tan) neuróticamente y, sobre todo, a comprender que así como todo inicia, todo cesa.
  2. Dormir (más o menos) a la misma hora (al menos entre semana). Pasara lo que pasara, le puse una hora de corte al día. Y en la hora o media hora anterior, procuro hacer algo que me relaje: algunos estiramientos, tejer, escombrar o simplemente dejar lista la maleta de mi chamaquilla para el día siguiente. Imponerme esta rutina me ayudó a dejar de sentir que los pendientes son interminables, a tener un espacio para serenarme de los aceleres del día y a acomodar en mi cabeza lo que éste haya traído. A entender que pocas cosas son ‘de vida o muerte’ y que la mayoría puede esperar al día siguiente, pero no mi bienestar.
  3. Comer con más frecuencia. Nunca me he saltado el desayuno (se me baja la presión si lo hago), pero sí llegué a tener horarios muy irregulares de comida y cena, o a comer frente a la computadora mientras ‘avanzaba cosas de trabajo’; pero claro, lo único que esto hizo fue alimentar mi sensación de nunca tener espacios para mí. Siempre he sido muy comelona y tengo un metabolismo acelerado, pero muchas veces comía mal o menos de lo que realmente requería y entonces, además de malhumorada, mi sensación de cansancio era doble. Así que en algún momento agregué colaciones a mis días y porciones de acuerdo a la energía que requiero (escuchando a mi cuerpo) y las cosas empezaron a marchar mucho mejor. No sobra decir que es lo que me ha mantenido en pie al tener una hija y seguir trabajando, entre tantas cosas que las mujeres siempre queremos hacer.
  4. Pedalear y caminar lo más, más posible. Mientras trabajé en oficina, hubo temporadas en las que hacía ejercicio (yoga o kickboxing) después de trabajar para despejarme un poco o evitar el horrible tráfico de vuelta a casa. Pero también llegó un punto en el que el trabajo se volvió más importante y me olvidé de todo lo demás, a pesar de que me dolía el cuerpo de estar sentada todo el día y el estrés acumulado. Cuando finalmente opté por cambiar mi ritmo de vida, la bicicleta se convirtió en mi principal medio de transporte y recordé cuánto me gustaba también caminar, cosa que empecé a hacer también con más frecuencia. Después me embaracé y tuve que bajarme de la bici y caminar fue la constante. Caminé hasta el mismísmo día que parí y regresé a hacerlo religiosamente pocos días después. Ahora, camino o pedaleo a mis citas de trabajo, al parque con mi chamaquilla, los fines de semana… Cuanto me y nos sea posible, pues. Hacer estas dos cosas parte de mis días me ha dejado claro que lo mío es mantenerme activa físicamente no por estar en forma, sino porque así libero la energía negativa que suelo acumular. De otro modo, ni yo me aguanto.
  5. Ver más a menos personas. Solía organizar salidas entre semana y los fines de semanas por aquí y por allá con muy distintas personas y grupos de amigos, pero continuamente sentía que los días no me rendían y no siempre tenía tiempo para mí. Luego me embaracé y de un día para otro se redujo mi tiempo y mi círculo social. No fue un cambio muy voluntario ni lo hice del mejor talante, pero después de un tiempo comprendí que lo que realmente alimenta mi corazón es la cercanía de solo un puñado de personas y de paso, tengo más tiempo para estar y pasear con mi familia.
  6. Dejar de estar ‘todo el tiempo’ en internet. Durante mucho tiempo me dije que pasaba tanto tiempo pegada a la computadora y al teléfono porque así lo requería mi trabajo, pero ahora sé que no tanto. Aún trabajo en el mismo sector, pero puedo sentarme a trabajar un espacio limitado de tiempo, sin tener mil ventanas abiertas ni estar brincando de una cosa a otra, y realmente trabajar. No reviso tanto el mail y me doy ‘chance’ de no contestar todo de inmediato (por fin dejaron de estresarme los numeritos esos que te marcan mensajes y mails por leer), marco lecturas para luego (y en algún momento me tomo un tiempo para leerlas) y procuro tener lapsos concretos para checar las redes sociales; después de que se duerme mi chamaquilla, por ejemplo.

No digo que esta lista sea el ‘Grial’ del bienestar. Más bien, quiero dar pie a la reflexión de qué decisiones tomamos hoy para vivir mejor de manera consistente mañana y pasado mañana. Para voltear dentro de unos años y poder decir: bendito el momento en el que decidí hacer algo por mi bienestar. En serio.

@monmargo

La ilustración es de Melissa Eagan.

Lo antes posteado:

3 propuestas simples y bienestarosas

Bueno, ¿y por qué carambas tanta insistencia en ser bienestarosos?

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