Bueno, ¿y sí influye la genética al momento de ponerme en forma?

En una de esas, eres de los que notan cómo algunas personas adquieren mejor condición física en un corto periodo de tiempo, en vez de ser parte de ellas. Si es así, esta información te va a resultar interesante:

Un estudio realizado por la Universidad de Michigan y la Norwegian University of Science and Technology recientemente ha intentado comprobar el rol que juega la genética al intentar ponernos en forma.

Para realizar este experimento, los investigadores tomaron un grupo de ratones y los pusieron a correr durante varias semanas para ver qué tan bien respondían a dicha actividad. Algunos lograron extender y mejorar sus tiempos exponencialmente, mientras que otros obtuvieron resultados más modestos.

Después de clasificarlos, los ratones machos de alto rendimiento fueron cruzados con hembras que habían tenido los mismos resultados. De igual forma se procedió con los que habían tenido un bajo desempeño. La idea era tener 7 generaciones de ratones con estos mismos genes para que finalmente quedaran dos grupos: los que respondían bien a la actividad física (Grupo 1) y los que, al parecer, no lo hacían tanto (Grupo 2).

Ambos grupos fueron sometidos a nuevas pruebas de velocidad e intensidad durante dos meses y posteriormente se revisaron sus corazones, con la hipótesis de que los ratones del Grupo 1 habrían desarrollado “corazones de atleta”, mientras que los del Grupo 2, no. Además de confirmar dicha hipótesis, los investigadores notaron que los del Grupo 2 no solo no habían tenido cambios fisiológicos, sino que habían perdido condición física.

¿Quiere decir esto que uno está destinado a ser una ‘papa tirada en el sofá’ porque “está en los genes”? Nada de eso.

El Dr. Ulrik Wisloff, de la Norwegian University of Science and Technology, explica que cuando el corazón no logra adaptarse a las demandas de ejercicio, lo único que hace la actividad física es debilitar al cuerpo en lugar de fortalecerlo.

También subraya que el rol de nuestra genética es sumamente complejo. Vaya, la ciencia apenas empieza a discernir qué efectos tiene ésta sobre nuestra actividad física y cómo podría interactuar con otras variables, como el ambiente, la nutrición e incluso la mente.

El estudio concluye también con la siguiente reflexión: uno debe de estar muy pendiente de la respuesta del cuerpo a la actividad física. Si después de meses de entrenamiento no hay resultados, quizás es tiempo de buscar otra actividad; por ejemplo, sustituir la actividad aeróbica por ejercicios con pesas y viceversa.

Con información del NYT. Puedes leer el estudio completo aquí. La ilustración es de Rami Niemi.

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