¿Cómo navegar entre tanta información confusa sobre la alimentación?

Sé que es confuso.

Los fanáticos del veganismo dicen que la carne roja te matará. Los extremistas de la dieta Paleo dice que los granos también. Un día, la mantequilla es mala y ocasiona enfermedades cardiovasculares; al siguiente, alguien sale a desafiar esta idea en la portada de la revista TIME.

En vez de oscilar entre diferentes opiniones para tu dieta, necesitas ser capaz de comprender qué es moda, cuáles son medios sensacionalistas y qué es buena ciencia.

Aquí hay cuatro cosas que debes considerar sobre evidencia conflictiva allá afuera:

Estudios epidemiológicos

Los estudios epidemiológicos observan patrones y tendencias en poblaciones definidas a lo largo de un periodo de tiempo, mientras intentan deducir causas y efectos de diferentes elecciones de distintos estilos de vida, así como sus impactos en la salud. Por ejemplo, un estudio puede seguir a 20 mil veteranos estadounidenses durante 20 años y observar ciertos parámetros, como cuánta carne roja comen o si tienen mascotas.                                                                               

Estos estudios pueden ser útiles para proponer ciertas hipótesis. Por ejemplo: que aquellos veteranos que comieron más carne roja tuvieron más problemas cardiacos pero, por definición, este estudio no puede ser conclusivo, pues no puede demostrarse causa y efecto.

Causalidad vs. correlación

La clave aquí es la diferencia entre la causa y la correlación. Los estudios epidemiológicos demuestran correlación, no causalidad. Éstos solo pueden inferir causalidad. En definitiva, no puedes decir que comer carne roja incrementa tu riesgo de padecer una enfermedad cardiaca. Puedes decir que existe una correlación entre el consumo de carne roja y las enfermedades cardiovasculares, pero que bastante insignificante cuando sabemos que hay una gran cantidad de factores que contribuyen a este tipo de enfermedades y que cada individuo es diferente. Con frecuencia, las personas que comen más carne roja, también consumen más alimentos procesados, se ejercitan menos y fuman, pero no necesariamente.

Lo que es más, muchos de estos estudios epidemiológicos se basan en cuestionarios en retrospectiva con definiciones defectuosas. Un ejemplo clásico sería preguntarle a la gente qué fue lo que comió durante los tres meses anteriores. Si comieron pizza con pepperoni, eso clasificaría como una porción de carne roja. Esto no es muy riguroso que digamos. ¿Acaso recuerdas lo que comiste hace tres meses?

La única forma de determinar la causalidad es hacer ensayos clínicos aleatorizados para probar una variable dentro de un grupo controlado. Estos son muy caros y difíciles de hacer con la dieta, y justo es la razón por las que los estudios epidemiológicos tienen mayor exposición dentro de los medios. Desafortunadamente, como solo demuestran patrones, éstos en realidad no son aplicables a ti como individuo.

Riesgo absoluto vs. relativo

Este tipo de indicadores son los que logran crear las notas más sensacionalistas, de ahí que sea tan importante aprender a detectarlos.

Por ejemplo, un estudio epidemiológico de camas de bronceado con rayos UV concluyó que quienes las utilizaban tenían riesgo de desarrollar melanoma de 7 en 1000, mientras que quienes no utilizaban tenían un riesgo de 4 en 1000.

En términos de riesgo relativo, aquellos que se habían bronceado tenían un riesgo de desarrollar melanoma del 75%. Suena terrorífico, ¿no? Pero en términos de riesgo absoluto, éstos solo tenían menos de 1% de probabilidad de desarrollar melanoma y solo 0.3% más de desarrollarlo que quienes nunca se bronceaban. Gran diferencia en la terminología, ¿no?

Mala ciencia

Como lo he dicho muchas veces, existe mucha ‘mala ciencia’ ahí afuera. Gary Taubes (Good Calories, Bad Calories) hizo un excelente trabajo que expone lo corrupta, política y egoísta que puede ser la investigación.

La investigación es cara y alguien siempre tiene que pagar por ella. Frecuentemente, quienes pagan estos estudios tienen ciertos intereses, ya sean compañías multinacionales de comida, asociaciones con su propia agenda como la “Heart Foundation” u organizaciones cabilderas.

No estoy diciendo que todos los estudios estén sesgados de esta forma. Estoy seguro de que la mayoría de los científicos tiene un alto nivel de integridad y el financiamiento no debería de influir sus resultados. Sin embargo, nunca hace sentido morder la mano que te da de comer.

¿Qué podemos concluir?

Por favor, no te dejes engañar por los medios o dudes de tus propias convicciones cada vez que un estudio sale con evidencia conflictiva. La única intención de los medios es acaparar las visitas a sus páginas.

Si encuentras un estudio que diga “La espirulina disminuye la calvicie en 37%”, tómate un minuto antes de salir corriendo a comprar kilos de ésta y considera lo siguiente: ¿Fue un estudio epidemiológico? ¿Quién lo financió? ¿Están hablando de riesgo absoluto o relativo?

Como siempre digo: tú estás en control de tu salud. Confía en tu intuición, confía en tu propia experiencia y confía en tus propios resultados comprobados. Cuando se trata de información sobre nutrición, necesitas un poco de escepticismo saludable. Ignora las modas de hoy y enfócate en lo que sabes que mejorará tu estilo de vida en el largo plazo.

Este artículo apareció originalmente en Mind Body Green. Puedes leerlo completo aquí.

La ilustración de es Mónica Ramos.

Lo antes posteado:

¿Qué pues con el veganismo/vegetarianismo?

Luché contra la ortorexia a diario durante 7 años. Así es cómo se ve.

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