Decidir lo que comes no tiene que ser angustiante

Si de por sí tomar decisiones resulta un proceso bastante alborotador para la cabeza, en estos días, decidirse por lo que va a meterse uno a la boca resulta una labor cuasititánica en la que se involucran sensaciones como ansiedad, culpa y toda una bola de reproches. ‘¿La ensalada o la pasta?’, ‘¿Qué engorda más?’, ‘¿Y si me doy chance de un postrecito pero mañana le doy duro al gimnasio?’. Qué tortura mental y desgaste de energía. Mejor, quitarle las etiquetas a la comida, comer con equilibrio y sobre todo, disfrutar el proceso de nutrir al cuerpo con conciencia. Para eso:

  1. Huye de la parálisis del análisis. ‘¿Y si…?’, ‘Perooo…’, ‘Quizás…’ son algunas de las frases que solemos decirnos cuando pensamos de más en lo que vamos a comer. ¿Qué hacer entonces? Fluye con tu intuición y establece un límite de tiempo para optar por una cosa u otra. Ahora, si ni eso te deja tranquilo con tu elección…
  2. Enlista lo que no te convence. Para poner las cosas en claro, haz una lista de lo que te hace dudar sobre tal o cual grupo alimenticio, pero también de tus objetivos y/o metas. Es cosa de que revises si en primer lugar tus inquietudes son reales y cómo se alinean con lo que quieres lograr.
  3. Fluye con tus decisiones, aunque sean ‘malas’. El asunto de la alimentación es un complejo, especialmente por toda la narrativa alrededor de él: que si las calorías, las grasas, los superalimentos y demás. Aprender a nutrirte es una tarea de todos los días, de ahí que resulte más transitable si uno se lo hace más fácil y disfrutable.
  4. Deshazte de las viejas ideas. Un viejo principio de la psicología dice que cada persona consume las ideas que le vienen bien a su propia ideología; es decir, si se cree que hay alimentos ‘buenos’ y ‘malos’, seguramente hay un gusto por leer las listas que tienden a clasificar los alimentos de esta forma. Hay que atreverse a salir de la cuadratura propia para tener la mayor cantidad de fuentes de información posible. En una de esas hasta resulta que uno se encuentra con nuevas y deliciosas ideas.
  5. Nútrete de las experiencias de otros. Bien dicen por ahí que preguntando se llega a Roma. Así que interroga a quienes sientas que verdaderamente han trabajado este tema de manera personal: qué les ha funcionado, qué no, a quién han consultado, qué cambios o ajustes han hecho, cómo se organizan, etc., y toma solo lo que crees que pueda funcionarte. Esto te ahorrará tiempo y uno que otro bache en el camino.

Con información de Lifehack

Lo antes posteado:

Porciones ‘a la mano’

Y… ¿qué le pasa al cuerpo cuando como de más?

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