Shmune C., organizadora de eventos

“Empecé con expectativas muy bajas y con un “pre-permiso” de que si no me gustaba, por la razón que fuera, me salía y listo. Me enamoró el ejercicio. Y me enamoré más de mí misma al descubrir eso.”

Esta publicista de profesión, dedicada a la organización de eventos, es de esas personas superorganizadas que no para ni un segundo a lo largo del día. Además de trabajar, ser mamá de dos hijos, ver por su relación de pareja y darse uno que otro espacio personal, solía hacer cardio un par de veces por semana, hasta que cumplir con el reto Insanity (iniciativa que surgió en su trabajo), le hizo ver que podía moverse más y fuera de los límites del gimnasio. Entre otras cosas…12096204_10153540428725269_1257444449968050950_n

¿Cómo te metiste en esto del reto Insanity? En la oficina lanzaron la convocatoria y me latió mucho. Parecía una buena manera de hacer ejercicio constantemente y ‘obligado’, no de esos de los que te zafas tan fácil con un “es que hoy no tengo muchas ganas”.  

¿Puedes contarnos cuántos días son y en qué consiste más o menos? El reto duró 60 días y son 45 minutos de actividades intensas, de corta duración y muchas repeticiones. Éste en particular no tenía ningún aparato de apoyo, ni pelotas, ni cuerdas ni nada. Eras tú y todo tu cuerpo trabajando.

¿Es tan duro y tan desafiante como parece? Para mí sí lo fue. Creo que depende mucho de la condición física con la que llegas, del amor por el ejercicio que tengas. Tuve compañeros a los que parecía no costarles el mismo trabajo que a mí.  Y también, como en todo, hubo para los que fue más pesado e inclusive desertaron.

Con dos hijos, un trabajo y estar al pendiente de los asuntos de casa, ¿a qué hora lo hiciste? Fue una gran ventaja que era en el trabajo, poco antes de mi hora de salida regular.  No perdía más de 7 minutos en llegar a la clase y sólo llegaba a casa una hora después de lo acostumbrado.  

¿Qué ajustes o cambios tuviste que hacer en tus días para tener tiempo de hacer esto? Tuve que optimizar mis tardes en el trabajo para salir un poco antes y que me diera tiempo de cambiarme.  Acostumbrarme a llegar más cansada que lo usual a casa, a bañarme, cenar y demás.
 
¿Qué fue lo que más trabajo te costó? Los ejercicios tan intensos. Aguantar esa sensación de ‘bofeo’ y de “ya no puedo ni una más”.

¿Qué fue lo más te gustó? Darme cuenta de que podía más de lo que imaginaba. Y también darme chance de que estaba bien si de plano no podía más.

¿Lo recomendarías? ¿Por qué? ¡Mucho! Pero también creo que no es para todos. Si te gusta la actividad intensa y trabajar sólo con tu cuerpo, en grupo, sin duda es para ti.

¿Algo que te haya sorprendido descubrir durante el proceso… Sobre ti misma, sobre tu cuerpo? Mi mayor descubrimiento fue mi resistencia. Y un poco más allá, no sólo darme cuenta de que aguantaba, sino de que además me gustaba. Creo que empecé con expectativas muy bajas y con un “pre-permiso” de que si no me gustaba, por la razón que fuera, me salía y listo. Me enamoró el ejercicio.  Y me enamoré más de mí misma al descubrir eso.  

Seguramente hubo días en los que te sentías muy cansada o tenías todo menos entusiasmo, ¿qué te decías para ponerte los tenis? ¡Síiii! Muchos. Se juntó además una época muy pesada de trabajo y eso me tenía cansada antes de siquiera pensar en vestirme. Me ayudaron dos cosas: una, pensar en dedicarle “sólo una” de las 24 horas de mi día -una no es ninguna- y que el cansancio físico después del ejercicio iba a ser muuuucho más ameno que el cansancio mental de la jornada de trabajo. Era un despeje superefectivo.

¿Hacías alguna otra actividad física antes? ¿Con qué regularidad? Sí. Cardio en el gimnasio, 3-4 veces por semana. De 30 a 45 minutos en la caminadora, elíptica, bici fija, según el mood.

Además de la sensación de logro por haberlo hecho y algún posible cambio físico, ¿movió o cambió algo en ti este ejercicio? La percepción de mí misma.  Las ganas de moverme todos los días. Y las ganas de “matar” los pretextos que me ponía para no ir.

¿Cambió de algún modo tu relación con la comida o tus hábitos alimentarios? No. La verdad es que venía comiendo saludable. Tal vez sólo hice un poco más consciente que la cantidad de alimento no fuera menos de la que necesitaba, porque sabía que mi cuerpo lo necesitaría para soportar una actividad tan fuerte. O sea, que no comiera menos proteína/cereales/frutas/verduras de las que debía.

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¿Modificó en algo la relación con tu cuerpo? Esperaba cambios radicales y la verdad es que no los hubo.  Mi cuerpo no fue un gran aliado en este ejercicio, porque se transformó muy poco.  No bajó el peso, muy poco la talla.  Pero creo que lo que sí cambió es que le agradecí mucho más todo lo que hace por mí cada día. A veces es tan automático todo lo que podemos hacer, desde vestirnos, subir y bajar escaleras, alcanzar algo en una alacena… No medimos que todo podemos hacerlo gracias a la fuerza de cada uno de nuestros músculos, huesos y demás

¿Te ayudó en algo con tus niveles de estrés cotidiano? Mucho. Está cañona la endorfina liberada. Llegaba a casa muerta de cansancio, pero feliz.

A partir de este reto, ¿te planteaste seguir con algo parecido u otra actividad físicamente demandante? Sí. Poco antes de terminar, unas amigas me convencieron de inscribirnos a una carrera de 5K. Mi primera. Sé que para muchos no es gran cosa, sobre todo ahora que está de moda correr, pero yo me negaba a correr desde que empecé a ir al gimnasio. Me bofeaba, me dolían las rodillas, etc.  Con el Insanity 3/4 avanzado decidí darme la oportunidad y me puse a entrenar. Amé la carrera. No fui ni tantito veloz, pero terminé antes de lo que pensaba y ya estoy pensando en la segunda.

¿Qué aprendiste sobre ti misma en el camino? Que haga lo que haga, si me gusta, lo veo de una manera completamente diferente y lo disfruto sin importar de qué se trata. Y sobretodo, que puedo tener muchos juicios previos hacia alguna actividad, pero no hay como probar para confirmar si me gusta o no.

Usualmente, ¿qué haces para apapacharte o nutrirte a nivel mental y emocional? Disfruto mucho mi tiempo sola, que es poco. Pero cuando algo me sobrepasa, lo busco más. Un buen baño con musiquita relajante…o no relajante, pero que sea mi prefe, según el momento. Para la paz mental, no es que sea la reina de los optimistas, pero procuro que en mi mente haya siempre pensamientos positivos.  E intento rodearme de gente así… Esos ‘catastróficos’ que sólo están viendo la tragedia, me sacan un poco de quicio.  Aunque de repente me cuesta, sí soy de esas que le busca lo bueno a todo.

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