Para no sentirse sobretrabajado y sobrepreocupado

Nadie ha dicho que aquello de encontrar el equilibrio sea fácil. Cada día es más común toparse con cansancio, ansiedad y una sensación de estar abrumado ante tantos pendientes sobre el escritorio. Y aunque hay herramientas para facilitarse la existencia, la única persona que puede encontrar la forma de ser eficiente, productivo, balanceado y bienestaroso al mismo tiempo es uno mismo. ¿Cómo?

  1. Es necesario reconocer y vencer la tiranía del presente. Curiosamente, el 99 por ciento de las cosas que uno hace ‘eran para ayer’, ‘para ahorita’, etc. Caer en estos torbellinos de la urgencia puede hacer que se dejen de lado las cosas realmente importantes. Ante un momento así, hay que forzarse a tomar un respirito y…
  1. Preguntarse: ¿en verdad esto es necesario? Pasa que los hábitos se convierten en dogmas inamovibles que dejan de funcionar con nuestro ritmo de vida. Quizás esas tres horas de juntas al día ahora son excesivas; o esa tarde que se solía dedicar a una presentación se ha vuelto un imposible. Cuestionar los hábitos de trabajo no solo se traduce en una mejor organización, sino que da grandes lecciones de cómo adaptarse al cambio.
  2. Darle reset a la agenda. ¡Hablando de cambios! A la pregunta anterior vale la pena añadirle ‘¿ahora mismo?’ para ver transformada la ecuación de prioridades.
  3. Comprender y aceptar el ritmo propio. Por aquello de que a uno se le da compararse con medio mundo, más vale tomar en cuenta los ritmos de cada persona. Habrá quien se levante a las 6 de la mañana –fresco como lechuga– para trabajar, mientras que otros necesiten un par de horas (o más) para arrancar bien a bien el día. Acá, lo más importante es ser realistas con los propios tiempos y objetivos.
  4. Establecer prioridades. Armar una pequeña lista con las cosas que se quieren y las que se está dispuesto a dar tanto en términos familiares y laborales. Una vez que se hace consciencia de estos aspectos, se está más listo para organizarse en serio.
  5. Darse tiempo para descansar la mente. Pasar horas dándole vueltas al mismo problema, en el mismo lugar, por lo general conduce al punto de partida. Dicen por ahí que las mejores soluciones provienen de pequeños momentos inspiradores: muévete, pasea a tu perro, haz alguna actividad mecánica que no requiera tanto pensar.
  6. Ponerse límites. No a los demás, sino a uno mismo. Establecer horarios de trabajo facilita encontrar un equilibrio auténtico entre el trabajo y el tiempo que se dedica a hacer lo que nos gusta.
  7. Aprender a usar el sí y el no. Meterle estrategia a los compromisos nos hace buenos negociadores. Y como no se puede decir ‘sí’ todo el tiempo (al menos sin altos costos personales), quizás se pueda probar un ‘sí, pero…’ para darle flexibilidad al asunto.
  8. Domar las distracciones. El teléfono, la ventanita del chat que parpadea, esa nueva foto publicada, personas que entran y salen de nuestro lugar de trabajo… La cosa es encontrar qué roba atención de más. Si uno se da lapsos de tiempo sin esos distractores, seguro habrá muuuucha más productividad.

Con información de Time. La ilustración es de Olimpia Zagnoli.

Lo antes posteado:

Las 6 acciones bienestarosas que de verdad me cambiaron los días

8 cosas que atoran tus pendientes y cómo solucionarlo

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