3 errores que una Health Coach cometió al hacer dieta

Durante mis días de hacer dieta, me impuse muchísimas reglas: cuándo comer, qué comer, cuánto comer y así, sucesivamente. Mi felicidad dependía de la báscula, por lo que seguía cualquier plan para lograr que ese número llegara adonde yo quería.

Sin embargo, mi fuerza de voluntad se debilitaba después de los primeros días bajo un nuevo plan alimenticio. Además, estaba un poco amargada porque me restringía, lo que resultaba en grandes atracones de comida. Después de 10 años con esta batalla interna, mi peso estaba más alto que nunca y mi autoestima por los suelos, pero sabía que tenía que haber una mejor forma de vivir.

Empecé a romper todas las reglas y probé el comer intuitivamente. Este proceso, como yo lo interpreto, se trata de confiar en ti mismo para saber cuándo, cuánto y qué comer. En otras palabras, nada está limitado. Fui capaz de disfrutar la comida sin estresarme por ello y, sorprendentemente, terminé perdiendo peso.

Ahora, como una Health Coach, ayudo a mujeres a deshacerse de esas ideas que les dicen lo que deberían comer y lo que no, y a conectarse con lo que su cuerpo realmente les pide. Al adentrarse en este proceso, por fin se sienten libres ante la comida, mientras ganan respeto por sí mismas y se sienten seguras de sí otra vez.

Estas son tres reglas que recomiendo romper a mis clientes para reparar su relación con la comida y, de paso, perder peso durante el proceso.

1. Mantenerse alejado de azúcar, carbohidratos, grasas, lácteos, etc.

Somos rápidos al restringir grupos alimenticio porque pensamos que es la respuesta a nuestra lucha con el peso. Pero cada cuerpo es diferente. Para liberarme de la mentalidad de la ‘dieta’, primero tenía que hacer mi propio experimento sobre cuáles comidas me caían bien y cuáles no. Antes de obsesionarme con las dietas, era una niña que comía muchos carbohidratos y mi cuerpo mantenía un peso saludable. Cuando renuncié a la dieta pensé: “Quizá mi cuerpo en realidad funciona mejor con carbohidratos y simplemente no los he comido porque siento que no debería hacerlo”. Cuando empecé a comer alimentos basándome en cómo me sentía con ellos, fui mucho más feliz, me sentí mucho más saludable y ya no me sentía tentada a atracarme después.

2. Comer ‘tantas’ calorías y comer ‘tantas’ veces al día

Solía ser una firme contadora de calorías. Contaba todo lo que comía. Esto hizo que la habilidad natural de sentir hambre o saciedad desapareciera de mi cuerpo. Cuando empecé a escuchar dichas señales, me sentí más satisfecha. Así que si comes un desayuno de 250 calorías y aún te sientes con hambre, continúa comiendo hasta que te sientas satisfecho y, entonces, para.

3. Tratarse con moderación

Cuando te enfocas en lo que no puedes comer, te sientes completamente miserable. Estar diciendo constantemente “no” a cosas que en verdad quieres no es vida. Por eso las personas terminan atracándose o comiéndose las emociones, como yo lo hice. Cuando solo tomas cerveza baja en calorías o comes helado sin grasa grasa de algún modo te estás diciendo que no mereces lo que en realidad quieres, y eso te hace sentir que no eres digno de disfrutar. Además, no es divertido vivir diciéndote “no”. Así que come comida real si es lo que quieres, sabiendo que lo mereces.

*Este artículo originalmente apareció en inglés en Women’s Health Magazine y puedes leerlo en su versión original aquí.

La ilustración es de Ryo Takemasa.

Lo antes posteado:

Esto (re)descubrí tras dos semanas ‘a dieta’

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