La deliciosa vida de… Mariana A., coach deportiva

El desarrollo deportivo-competitivo bien conducido sí puede hacer de los practicantes mejores seres humanos. Ese proceso es apasionante para mí. Lo viví como jugadora y ahora lo facilito como coach.

Su vida prácticamente ha transcurrido tejida al deporte, sea en las canchas, escribiendo sobre éste o como coach escolar. Cuanto tenía 16 años, fue seleccionada para los representativos del DF de basquet y voleibol. Fue jugadora de la selección de basquet y también de la de voleibol en la Ibero, y en 2001 fue su abanderada deportiva. Desde hace 9 años es coordinadora de basquetbol y entrenadora de equipos de secundaria y preparatoria. Aunque también es una apasionada de la música (de hecho, tiene un grupo, La Súper Cocina, en el que canta y toca la guitarra), de la naturaleza y los gatos. Y esto es lo que nos contó sobre cómo es vivir la actividad física a un nivel tan profundo:

Eres una persona para quien la actividad física ha sido una constante durante buena parte de su vida… ¿Desde cuándo ha sido así? Desde siempre. Fui la niña que se trepaba a los árboles mientras su mamá se bajaba del coche a hablar en una cabina telefónica. También era la que a los tres años se colgaba del pasamanos con los pies sin importarle que la falda del uniforme se abriera en flor dejando descubiertos los calzones. Siempre preferí la bicicleta que el Nintendo y los balones que las muñecas, aunque también jugué con la consola y tuve un par de Barbies.

¿Quién te inculcó el amor por estos deportes o quién te sirvió de ejemplo? ¿O cómo fue que te involucraste tanto en ellos? Aunque mi papá fue beisbolista semiprofesional durante muchos años, siento que mi impulso por el movimiento físico no fue algo inculcado sino una latencia absoluta dentro de mí; simplemente me era imposible no hacerlo. Moverme era y es el pensar de mi cuerpo. Tengo un hermano mayor que no es deportista en absoluto y tenemos los mismos papás. Es algo muy de mi personalidad. Eso sí, fue fundamental que mis papás no me impidieran hacerlo, sobre todo en el caso de los deportes de conjunto (futbol, basquetbo, voleibol…), que solían ser más adjudicados a los niños varones. Ahora ha ido cambiando, pero en mi infancia sí escuché varias veces que las niñas no debíamos jugar esas cosas. Sobre todo futbol. Sin embargo, esos comentarios jamás vinieron de mis papás y en mi árbol de Navidad sí fui encontrando patines, bicicletas, balones, canasta de basquet, etc.

En la infancia asistí a clases de atletismo, tenis y natación. Pero fue en el atletismo (Pumitas) donde mi familia y yo caímos en la verdadera cuenta del talento deportivo que tenía. No era sólo que me gustara, era que tenía una habilidad y una potencia física que estaban por encima del promedio de las niñas de mi edad. Después, en la secundaria a la que entré me topé con la suerte de tener un maravilloso entrenador de voleibol, que no sólo me enamoró de este deporte, me hizo entender que el trabajo de un equipo tiene mucho de desarrollo humano. Él tiene muchísimas nociones de psicología y pedagogía; puedo decir que sin duda cambió mi vida para siempre. Hoy, 23 años después, es mi jefe en la misma escuela donde estudié y donde ahora me encargo de los equipos de basquetbol.

¿Qué te gusta tanto del basquet y del voli? ¿aún juegas de vez en cuando? ¡Claro que juego! Es fuerte pasar de primera fuerza y del deporte universitario a ligas de menor nivel. De los 23 para acá (tengo 37 actualmente) he jugado tanto voleibol como basquetbol en torneos de niveles variables. Hasta hace cuatro años jugaba volei en primera fuerza todavía, y basquet en liga mayor hasta hace unos 7. Ahora sólo juego de vez en cuando. Basquet cascareo con mis alumnos y volei, con un grupo de amigos. Estos últimos años más bien he estado jugando futbol. Quizá porque en ese deporte nunca llegué al nivel que sí alcancé en los otros y entonces me doy más chance de sólo jugar.

¿Qué implica a nivel personal y emocional ser seleccionada para esos dos deportes a los 16? Ahora es algo que puedo contar con orgullo y dimensionando lo que implicó. En ese entonces era algo que me abrumada. Habría que decir que ambas selecciones del DF me llamaron, pero terminé no yendo a la Olimpiada con ninguna de las dos. No recuerdo qué argumenté, pero sé que algo perfectamente estructurado y creíble. La verdad es que me moría de miedo. Ha sido tema en mi psicoanálisis y no es nada corto de contar, pero un resumencito sí puedo hacer: tenía una enorme necesidad de aceptación que se juntaba con la certeza de que mis papás me abandonarían. Pensaba que si me iba una semana a la Olimpiada Nacional, luego ya no podría encontrar a mi familia. También me conflictuaba mucho pensar que ganarle a otros genera enemistad. Fue muy lindo ir superando todo eso. Por suerte, ya para la universidad mi psicoanálisis había avanzado y pude competir contra otras universidades en prácticamente todo el país, gozando mucho mi práctica deportiva y lo que me brindaba.

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Más allá del aspecto físico, ¿qué te deja de positivo a nivel emocional o personal la actividad física? A mí me ha ayudado a una integración de quien soy: mente y cuerpo. Instancia intelectual e instancia corpórea. Y puedo darte una lista de cosas más comunes, pero no menos ciertas: que te ayuda a liberar estrés, que liberas endorfinas y dopamina (y por tanto te aleja de deprimirte tan fácilmente), que te ayuda a mantenerte en forma (un cuerpo más tonificado, pero también mejor circulación, capacidad cardiaca y pulmonar, etc.). El trabajo en deportes de conjunto me ha ayudado también a generar, como jugadora y ahora como coach, un microecosistema (por llamarlo de alguna forma) de lo que ocurre en el mundo fuera de la cancha: trabajo en equipo, celos entre jugadores, relaciones horizontales entre algunos jugadores, no tan horizontal entre otros y absolutamente vertical con el coach. Las emociones que da la competencia (frustración, júbilo, enojo, euforia, sensación de injusticia, etc.) son parte de la vida y el deporte de conjunto termina siendo una especie de laboratorio donde los jugadores van aprendiendo a conocerse al tiempo que conocen sus capacidades físicas. El desarrollo deportivo-competitivo bien conducido sí puede hacer de los practicantes mejores seres humanos. Ese proceso es apasionante para mí. Lo viví como jugadora y ahora lo facilito como coach.

¿Cuántos años tienes como entrenadora de equipos de secundaria y preparatoria? ¿Qué es lo más gratificante de esta labor? Comencé a entrenar equipos desde los 21 años. En ese entonces compaginaba mi vida de jugadora con mi vida de incipiente coach de unas niñas de 12 que crecieron junto conmigo (las tuve cinco años) y que ahora son mis amigas. Ahora, 16 años después, mi relación con mis jugadores (sólo tengo hombres) es distinta porque la brecha de edad se ha ido abriendo. También es mucho más madura. He encontrado un proceso de formación que me permite tener un seguimiento de ellos en cuanto a lo volitivo, físico, basquetbolístico y psicológico. Lo más gratificante es verlos crecer, ir definiendo sus personalidades y haciéndose personas divertidas, inteligentes, congruentes y entregadas (lo escribo y me conmuevo).

¿Qué es lo más difícil o desafiante? Quizá lo más difícil es cuando ellos tienen situaciones familiares complicadas (violencia intrafamiliar, divorcios complicados de sus papás, enganche con sustancias adictivas). A veces se acercan a nosotros, sus coaches, para pedir ayuda. En otras ocasiones no son capaces de pedirla, pero se muestran mal en los entrenamientos o directamente dejan de asistir.

¿Cómo motivas a los chicos a involucrarse, a mantener el ritmo? Puede sonar cursi, pero es con mucha entrega y mucho amor. Y alentándolos a que ellos amen su deporte, su equipo y su propio desempeño. Sólo así pueden levantarse los sábados a las 6 de la mañana porque tenemos partido a las 8. Sólo así se presentan en vacaciones a hacer trabajo físico (nada de balón) como pretemporada. Hay mucha intensidad, entrega, compromiso y amor de por medio. Para mí, esa es la clave.

¿Cómo puede cambiar tu vida hacer deporte de manera constante, no necesariamente a un nivel tan comprometido como el tuyo? Sobre todo cuando lo practicas desde niño/joven… Primero, habría que decir que es un acercamiento al cuerpo muy positivo (siempre y cuando tu entrenador o guía te vaya haciendo consciente). Vas conociendo tus capacidades físicas, tu cuerpo. En la adolescencia esto es fundamental, porque el cuerpo se está desarrollando; el deporte les permite conocerlo y explorarlo para que su crecimiento en el ámbito sexual pueda ser más equilibrado. También es un compromiso que te hace crecer. A diferencia de la clase de matemáticas o de historia, el pertenecer a un equipo, entrenar y competir suele ser decisión del joven y no una obligación como lo es la escuela. Esto hace que ellos vayan aprendiendo a responder a los compromisos que adquieren. También los hace conscientes de que si se quiere tener mayores logros que los demás equipos, se tiene que trabajar más que los demás equipos. Todo esto cambia tu vida.

Desde tu perspectiva, ¿hay alguna diferencia emocional al practicar un deporte de manera individual que uno de equipo? Sí, mucha. Trabajar en equipo hace del deporte una actividad social, y eso es parte de lo que te mantiene enganchado. Se dan dinámicas de competencia y colaboración interna que permiten que el nivel del equipo y de sus individuos mejore. El equipo permite también el desarrollo de la famosa ‘mística’. Ésta es difícil de explicar, es un tanto tácita, se transmite entre miembros y tiene que ver con convivencia, estilo de juego, compromiso, entrega, modales en el entrenamiento y en la cancha. Es por eso que incluso deportes individuales como el atletismo se trabajan en dinámicas de equipo.

A excepción del tenis, que lo entrené durante un par de años de manera individual, el resto de los deportes que he practicado de manera competitiva los he entrenado en equipo (también atletismo). Los que más me han enganchado son los de conjunto (voleibol, basquetbol y futbol), en gran medida por la dinámica social (el tercer tiempo, como se le conoce en el futbol). Ir a correr sola, por ejemplo, para mí es algo muy complicado que sólo logro hacer como parte del entrenamiento para un deporte que implique dinámica social (porque ya se está comprometido a ello).

Por último, ¿hay algún aspecto de tu vida que haya sido particularmente marcado por el hecho de hacer deporte? ¿Algo que consideres una especie de parteaguas? Mi vida completa está marcada por mi práctica deportiva. Desde mi cuerpo, que tiene las formas que el deporte va dando, hasta mi disciplina mental, que también tiene la forma que la práctica deportiva da. Mis primeros novios también jugaban basquet o volei y muchos de mis mejores amigos los hice dentro de la dinámica de las canchas. También he escrito mucho sobre deporte, desde el lado académico y también desde el periodístico.

Hoy lo practico mucho menos y los últimos años han sido más de desarrollo intelectual que deportivo, pero esto también ha sido resultado de pensar el deporte y el cuerpo como parte de un todo humano. Un parteaguas reciente de mi vida es aprender a practicar (jugar) estos deportes de forma más lúdica y menos competitiva. Es un proceso que me ha venido con la edad y que me permite dejar el ámbito competitivo para los equipos que coacheo y ya no tanto para mi propia práctica. Miro mi deporte desde otro lugar más lúdico y permisivo.

Puedes encontrarla en Twitter e Instagram como @RayuelaBlues.
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