De cómo la actividad física salvó mi vida y me convenció de comenzar una revolución

Si mi ‘yo adolescente’ pudiera ver mi ‘yo presente’, estaría horrorizada.

“¡Te convertiste en una atleta new-age hippie, traidora!”, gritaría dramáticamente, luego se daría la media vuelta y se iría usando su cinturón con estoperoles y collar de púas.

Soy muy diferente a la persona que era y no solo porque ya no me visto como Sid Vicious.

Mi vida actual tiene todo que ver con mi vida anterior. Ya no soy esa chica deprimida y ansiosa que se sentía sola en el mundo, pero es gracias a ella que estoy en esta misión. El “30×30 Project” fue creado por mi propia lucha interna, buscando inspirar esperanza y ayudar a otros a darse cuenta de su fuerza interna y externa.

Generando cambio

El 2013 fue un año muy ocupado para mí. Para celebrar ese cumpleaños número 30, que estuve a punto de no tener, me aventuré a viajar por todo Estados Unidos, enseñando a crear consciencia y a recaudar fondos para la prevención del suicidio a través del movimiento “To Write Love On Her Arms”. En cada parada nos enfocábamos en liberar todo eso que traíamos dentro, a través de una salida física como el levantamiento de pesas. Gritábamos, nos echábamos porras, pero lo más importante: salíamos más fuertes de lo que entrábamos.

Nunca me he sentido así de fuerte, de la misma manera en que sé que muchos de ustedes aún tienen que darse cuenta de su propia fortaleza. Este tour nunca hubiera sucedido si no hubiera vivido esa vida que durante mucho tiempo quise terminar.

En la preparatoria me diagnosticaron con depresión clínica y Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Además de la constante ansiedad que venía con el TOC, no podía terminar de sacudirme la sensación de que no era más que un desperdicio de espacio. Me aislé para llenar la tristísima verdad que vivía dentro de mí: siempre estaría sola.

Durante mi niñez nunca me ofrecieron alguna esperanza de que pudiera superar esta sentencia. Muchos terapeutas y doctores me dijeron que así era como debía ser y que simplemente debía aceptarlo, así que ni siquiera lo intenté. Simplemente sabía que no podía hablar de ello. No podía permitir que otras personas supieran que había algo ‘malo’ conmigo, que era defectuosa.

En la preparatoria me rebelé de todo el dolor que mantenía por dentro; sin embargo, esto empeoró conforme crecí. Comencé a automedicarme con alcohol y drogas, mientras buscaba el amor que no sentía por mí misma en todos los lugares equivocados. Todo lo que me rehusé a hablar me comió por dentro durante esos años, haciéndose más oscuro y pesado, hasta 2005, cuando dejé de ver por qué seguir luchando contra ello.

Cuando tenía 21 años, me hospitalizaron por intentar quitarme la vida. El que me internaran en esa prisión de hospital en contra de mi voluntad fue la llamada de atención que necesitaba. Nunca había estado tan enojada en mi vida. Había estado ‘viviendo’ esta vida, había tenido la libertad de cambiarla y había desperdiciado esta oportunidad.

Al salir del hospital, me comprometí a ’tratar’. Me comprometí a nunca regresar y comencé a tomar acción. Una de esas acciones incluía ir al gimnasio porque necesitaba perder unos cuantos kilos.

Lo que nunca esperé es que revolucionaría mi vida a través de la actividad física. Perdí 13 kilos, pero el cambio más dramático vino de mi confianza y determinación. Ejercitarme se convirtió en mi oportunidad de alejarme del mundo y concentrarme en qué tan fuerte podía ser. Me llevaría al límite durante esos ejercicios y me iría del gimnasio sintiéndome realizada y poderosa, sabiendo que esto podría llevarlo a mi vida fuera del gimnasio.

Finalmente encontré canales efectivos para sacar toda esa energía negativa, a través de la actividad física y de la terapia que había comenzado, de manera que empecé a sentirme fuerte por primera vez en mi vida. Después de un año de fortalecerme por dentro y por fuera, me llené de confianza en mí misma y, me atrevo a decir, de felicidad.

Tenía un sentimiento tan fuerte por el cómo es que la actividad física había cambiado mi vida que quería compartirlo con el mundo y ayudar a otras personas a vivir su vidas. Me convertí en una entrenadora personal e inicié ‘Strong Inside Out’, un blog para empoderar a las personas a tomar control sobre sus vidas a través de la actividad física y la acción positiva.

Y claro, había días en los que ni siquiera quería levantarme de la cama. Aún los tengo. La diferencia es que ahora sé lidiar con eso y nunca he perdido de vista la siguiente verdad: la esperanza es real.

Crecí pensando que estaba sola en mi dolor, que había algo que estaba mal en mí. Crecí pensando que no podía hablar sobre estas cosas y, en realidad, esto solo lo empeoró. Si me hubieran dicho que lo que sentía no estaba mal y que la esperanza de recuperarme era real, mucho de mi dolor y lucha interna hubiera desaparecido.

Esa es la razón por la que inicié ‘The 30×30 Project’: para ayudar a todos aquellos que todavía luchan por encontrar esperanza.

Tomando acción

Hace un año solo soñaba con cumplir mi gran meta. El tour únicamente fue una idea. No tenía los 18 mil dólares que llegué a juntar gracias al fondeo que hice por internet. Ni siquiera sabía que alguien iba a donar. Me enfrenté a un montón de miedos y dudas, tal y como todos lo hacemos con los grandes sueños.

No hay diferencia entre lo que he logrado y lo que tú puedes lograr. Todo lo que hice fue hacerme responsable de mi vida y mi felicidad tomando ciertas acciones, eliminando lo que no me funcionaba y persiguiendo aquello que sí.

Si has leído todo esto pensando en que no existe forma en la que tú también puedas tener un cambio tan drástico, me gustaría probarte lo contrario. Aquí están los pasos básicos para fortalecer tu vida de adentro hacia afuera:

  1. Enfréntalo. El primer paso para crear cualquier tipo de cambio requiere que confrontes aquello que necesita ser cambiado. Me parece que la forma más eficiente de hacer esto es a través de un diario. Simplemente trata de escribir lo que te viene a la mente cuando te preguntas: “¿Contra qué lucha y por qué?”. Sigue preguntándote “¿Por qué?” hasta que encuentres el meollo del asunto. Esto es con lo que necesitas lidiar.
  2. Lidia con eso. Cuando has llegado a la raíz del problema, traza acciones para empezar a combatirlo. Anota todo lo que te venga a la mente y ponle una estrellita a las acciones que te emocionen más.
  3. ¡ACTÚA! La parte más importante de esta ecuación es realmente HACER ALGO. Puedes llevar un diario y pensar en las acciones que quieras, pero esto no te funcionará a menos que realmente lo hagas. Sé que te da miedo. Sé que a veces puede ser difícil, pero no puedes seguir esperando a que tu vida comience. No puedes seguir esperando que alguien más lo haga por ti. Esta es la razón por la que tomas las riendas de tu vida y las conduces en la dirección que quieres ir, en lugar de solo dejarte llevar.
  4. Sácalo. Mientras tomas acciones nuevas y atemorizantes, puede que te encuentres con un poco de estrés. Necesitarás un espacio para sacarlo todo, de manera que no termines siendo una pequeña bola de ansiedad. Una de las mejores formas de liberar lo que no te sirve es la actividad física. ¿No sabes cómo? Aquí hay algunas opciones:
    • Hazte de un mantra como “Soy fuerte” y repítelo en tu cabeza (o en voz alta si eres más atrevido) cuando tu actividad física se ponga especialmente retadora.
    • Ponle una intención a tu actividad física, como ‘lograr concentrarme’ o ‘encontrar un poco de paz’. Luego, concéntrate en lograr esa intención a través de tu rutina.
    • Enfócate en tu respiración durante tu actividad física. Deja que sea una meditación activa.

¿Cosa pesada, eh? No tiene que serlo. Puede ser tan simple y fácil como tú quieras.

Este texto apareció originalmente en The Greatist. Puedes leerlo en su versión en inglés aquí.

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