El placer es bueno

Esto es al menos lo que creen los franceses. Y no, no se refieren al placer sexual o hedonista. “Plaisir” (placer en francés) no es una palabra sucia, sino que en realidad se puede traducir como “disfrute” o “deleite”. Nada más.

En ciertas culturas, la negación del “placer” es algo que se aprende desde pequeños: lo dosificamos, le damos un valor moral. Preferimos que los niños aprendan la cultura del autosacrificio y el valor del trabajo duro, en lugar de darles el espacio para su propio autoconocimiento. ¿Qué disfrutan? ¿Qué les da placer?

La prueba de esto son los cientos de adultos que simplemente crecen y no tienen la más remota idea de qué les gusta y qué no. De pronto, llegamos a toparnos con conceptos contradictorios como el de ‘placer culposo’, como aquello de comer algo que nos gusta, pero al encontrarse en la lista de ‘alimentos malos’, sentimos una falla tremenda en nuestras vidas.

En términos simples: sentir placer nos da mucha culpa. Quizá es por eso que nos hacemos de “horas felices”, en lugar de “días felices”. Tal vez, si dejáramos de privarnos tanto de las cosas que nos gustan, dejaríamos de sentirnos obligados a compensarlo los fines de semana con grandes comilonas, por ejemplo. A lo mejor, si lográramos comprender que perder peso no equivale a dejar de comer lo que nos gusta, dejaríamos de vivir encadenados a la culpa de haber fallado (una vez más) en la búsqueda por adelgazar unas cuantas tallas.

Pero volvamos a Francia: ahí los padres comienzan a enseñarle a sus hijos algo que puede traducirse como la “educación del gusto”. Esto significa que desde muy pequeños aprenden a degustar la gran cantidad de sabores que existen sobre la mesa. Desde la guardería, aprenden a comer comidas de cuatro tiempos, que incluyen entrada, plato fuerte, plato de quesos y postre. Y en la mesa no se habla de comida en términos nutricionales, sino de alentarlos a desarrollar sus propios gustos.

La “educación del gusto” incluye mucho más que solo cultivar el paladar de los niños. Busca un despertar de los sentidos, de la mente y de las emociones a través de diferentes prácticas de estimulación, como tocar música, leer cuentos o darles masajes. El único objetivo es encaminarlos a que cada uno descubra lo que le da placer.

Esas mamás francesas algo están haciendo bien, ¿no crees?

*Con información de The Conversation. La ilustración es de Juan Francisco Cancelleri.

Lo antes posteado:

¿Qué desayunan los niños de otros países?

3 ideas malentendidas sobre ser feliz

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Un Comentario

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