En sintonía con tu cuerpo

Cuando era muy pequeña, me enseñaron que algunos aspectos de mi humanidad estaban ‘permitidos’, por ejemplo: ser dulce, afable, sonriente, mostrar alegría controlada y ser servicial.

También me enseñaron que algunos otros estaban ‘mal’, como sentir enojo, tristeza, tener miedo o hablar cuando se hacían cosas poco éticas. Éstas no eran bienvenidas.

Así que aprendí a esconderlas… Negando que existían o manteniéndolas en secreto —incluso para mí misma.

A veces esto resultó ser muy doloroso. Para mantener estos aspectos ‘malos’ de mí guardados, tenía que ignorar mensajes importantes que provenían de mi cuerpo.

Cuando una emoción, pensamiento o impulso surgía, me disociaba, me adormecía con comida, con pensamientos obsesivos sobre la gente con la que salía o lo más sencillo: con mi trabajo. Las luces de mi cuerpo estaban ‘encendidas’, por decirlo de algún modo, pero no había ‘nadie en casa’.

Ciertamente hay una buena razón para manejar nuestras emociones, para contener ciertos impulsos que nos llevarían a ‘no manejarnos bien en el patio de la vida social’.

Aun así hay muchos mensajes erróneos e innecesarios que se nos envían sobre lo que podemos o no ser o sentir conforme avanzamos en la vida. La gran mayoría de estos mensajes son falsos.

Los humanos somos ingeniosos a la hora de evitar el dolor o el disgusto, y Dios nos bendiga por este kit de supervivencia. Nos ha mantenido vivos durante momentos traumáticos, eventos, o incluso una niñez entera.

Hay muchas forma de evitar el dolor o de ‘dejar el cuerpo’. Algunas de las formas para hacer esto y que conozco (he experimentado muchas de ellas) incluyen televisión, comida, navegar la web, drogas, alcohol, trabajo, sexo e incluso obsesionarse con una persona.

Por sí mismas, estas sustancias, procesos y personas son neutrales. Hacen bien su trabajo. El problema viene cuando son utilizadas para mantenernos libres de dolor y desesperación. Nos encerramos en la terrible necesidad de ellos y nuestros cuerpos frecuentemente pueden confiar en ellos, más allá de su propósito inicial.

Al final, lo que una vez nos sirvió para aliviar el dolor indeseable se convierte en el mecanismo por el cual permanecemos alejados de nosotros mismos; y los estragos de esta falta de intimidad y autoconocimiento pueden afectar cada aspecto de nuestras vidas.

Esas partes que hemos cortado para ‘avanzar’ son partes que ahora sabemos que necesitamos para amar a nuestras parejas, para sumar éxitos en nuestras vidas, para cultivar intimidad o para encontrar una profunda sensación de paz de estar aquí, en este planeta.

He descubierto mis formas favoritas de ‘regresar a mi cuerpo’. Me han servido bien para lo que yo llamo ‘lento regreso a casa’. A veces, entretenerme en alguno de ellos me ha hecho confrontar miedos profundos, ya que al renunciar a algunas de mis estrategias de supervivencia, pareciera que terminan por contraponerse entre ellas.

En esos momentos olvido que la vida es diferente a como era cuando era joven — que tengo una agencia ahora, que soy una mujer mayor, que tengo recursos, conocimiento y sabiduría a la que antes no tenía tan fácil acceso. O incluso algo tan simple como el hecho de saber que ya no soy dependiente de alguien mayor para mantenerme viva.

Es muy importante tomar estas sugerencias a través del filtro de tu discernimiento y proceder lentamente si quieres investigar algo sobre ellas —incluso si esto significa pedir permiso explícitamente a las muchas partes de ti que buscan protegerte. Sin este permiso, el proceso podría causar más daño que beneficio. Y podrías adoptar un ritmo que solo resulte en echarle más sal a la herida.

Encontremos maneras de regresar a casa, al exquisito y único cuerpo que se nos dio para movernos en esta vida.

Este texto, escrito por Alanis Morissette (sí, la cantante), apareció originalmente en MindBodyGreen. Puedes leerlo en su versión en inglés aquí.

Lo antes posteado:

Carta a mi cuerpo por un año más de vida

4 verdades a aceptar para mejorar la relación con tu cuerpo

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