Reaprender el arte de comer: sin dietas ni detox

Según los cálculos expertos, para cuando cumplimos 18 años, ya hemos tenido unas 33 mil experiencias de aprendizaje con la comida (cifra basada en 5 comidas o colaciones al día). Para Bee Wilson, autor de First Bite, en dichos aprendizajes se entremezclan diversos factores, como familia, cultura, memoria, género, hormonas, hambre, emociones

Aunque en el trayecto, no necesariamente hemos aprendido a comer de una forma que apoye nuestra salud y felicidad. Podrá haber muchas cifras relacionadas con el sobrepeso, pero no estadísticas “particularmente efectivas en indicar cuántas personas (con o sin sobrepreso) viven en un perpetuo estado de ansiedad ante lo que comen o viven atemorizadas de los carbohidratos o las grasas, incapaces de disfrutar una sola comida”.

Por eso, para esta periodista, preguntar cómo aprendemos a comer (de manera individual y colectiva) es LA verdadera clave para entender por qué el asunto de alimentación ha tomado el camino que ha tomado.

“Para cambiar nuestra alimentación, primero tenemos que reaprender el arte de comer, una cuestión tanto de psicología como de nutrición. Por lo tanto, el reto no es recabar información sino aprender nuevos hábitos.

Para que cocinar nuestra comida se convierta en LA solución alimentaria, primero tenemos que aprender a ajustar nuestras respuestas a la comida. Cómo comemos, cómo nos relacionamos y nos acercamos a la comida es lo verdaderamente importante“.

Por aquí, 10 interesantes ideas/reflexiones que plantea al respecto:

  1. Nuestra ansiedad alrededor de las dietas actualmente se centra en encontrar “la comida perfecta”, la que cure todos nuestros males. Nos hemos obsesionado con sus propiedades: que si tienen más proteínas, más vitaminas… La cosa es que los nutrientes solo cuentan ¡cuando alguien se los come!
  2. Realizamos frecuentes intentos -con mayor o menor intención– de cambiar lo que comemos, pero casi no nos esforzamos en cambiar cómo nos hace sentir la comida: qué tan bien lidiamos con el hambre, qué tan apegados estamos a determinado alimento, nuestras emociones ante una porción pequeña.
  3. Tratamos de comer más vegetales, por ejemplo, pero no tratamos de disfrutarlos más, porque pareciera que hay una convicción universal de que no es posible aprender a disfrutar nuevos sabores y a dejar atrás ‘los de siempre’.
  4. Por ejemplo: los vegetales (sí, de nuevo). La recomendación de incluir más vegetales para lograr una dieta saludable es clarísima. El mensaje se nos ha dado muchas veces, de muy distintas formas. Como sea, desde que eran niños, muchas personas han absorbido la lección de que los vegetales y el placer, y más generalmente la comida balanceada y el placer, nunca vienen juntos. 
  5. La forma de enseñarle a un niño a comer balanceadamente es a través del ejemplo, el entusiasmo y la paciente exposición a hábitos saludables.
  6. Muchas de las alegrías y dificultades que como niños enfrentamos al comer, permanecen al ser adultos. Puede que aún nos recompensemos con algún bocado, justo como hacían nuestros padres, o que continuemos ‘limpiando nuestro palto’, aunque no haya nadie que nos vigile. Aún evadimos lo que nos disguta, aunque probablemente ya no lo escondamos por ahí o se lo demos al perro cuando nadie nos ve.
  7. En el mundo actual, en el que lo azucarado abunda, o eso se dice y cree, nuestra biología nos impide rechazar estas “irresistibles comidas”. Los nutriólogos usan la palabra “apetitosa” para describir comidas altas en azúcar, sal y grasa, como si fuera imposible preferir un plato de crujientes vegetales verdes aderezados con tahini sobre una barra de chocolate. Sin embargo, una tercera parte de la población se las ingenia para navegar perfectamente bien en el mundo alimentario actual y llevan una dieta balanceada haciendo elecciones entre lo que hay disponible.
  8. En muchos sentidos, los niños son impotentes en la mesa. No pueden controlar lo que se les pone enfrente, dónde se sientan o si se les habla amable o rudamente mientras comen. Su gran poder reside en su habilidad de aceptación o rechazo. Una de las cosas importantes que muchos niños aprenden en la mesa es que su elección de comer o no comer desata emociones muy profundas en los adultos cercanos a ellos. Descubren que pueden complacer a sus padres o enfurecerlos, con el solo hecho de aceptar o rechazar algo.
  9. Si queremos reaprender cómo comer, necesitamos ser como niños de nuevo. Los hábitos alimentarios deficientes o inadecuados solo pueden cambiarse al hacer del balance y lo “saludable” algo placentero. Si experimentamos lo “saludable” como coerción,  como algo que requiere fuerza de voluntad, nunca podrá saber delicioso.
  10. Tener una relación saludable con la comida puede fungir como un ‘chaleco salvavidas’… Esto no se trata de ser delgado. Se trata de alcanzar un estado en el que la comida es algo que nos nutre y nos hace felices, en vez de enfermarnos y atormentarnos. Se trata de alimentarnos como un buen padre lo haría: con amor, con variedad, pero también con límites.
*Con información del libro First Bite, escrito por la periodista especializada en comida Bee Wilson.

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Detecta qué te impulsa a comer de más

El placer es bueno

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