¿Ser ‘saludable’ implica muchos ‘no’?

El discurso de ‘cómo ser saludables’ se ha ido plagando cada vez de más ‘no’ y casi concentrado por completo en qué debemos comer y qué no. Lo que de algún modo puede llevarnos a pensar que en el día a día (no en la realidad ideal que plantea el discurso mayoritario en medios) es casi imposible lograrlo serlo, porque todo (o casi todo) lo que hacemos y comemos, de entrada, está ‘mal’.

Si comparamos nuestros días con los de algunos gurús de la salud, nuestro ritmo de vida poco o nada tiene que ver con el suyo (o lo que aparentan): días llenos de paz y sesiones de yoga y meditación larguísimas, tiempo de sobra para hacer todo desde cero y en casa (hasta desodorante), sin imprevistos, una cartera sin límites para comprar ciertos alimentos o pagar curso tras curso…  Así, difícilmente uno se escapa de la sensación de que para ser bienestaroso hay que convertirse en otra persona. Y entonces pensar: ¿para qué intentar lo que se sabe imposible?

Pero lo cierto es que nadie es ‘caso perdido’ y hay muchas acciones realistas que sí podemos hacer. Para empezar:

Comprender que la salud no es un estado ‘sólido y estático’, que una vez alcanzado podremos mantener perfecto e intacto. Más bien, se trata de un estado que implica trabajo diario, que se relaciona con nuestra circunstancia de vida, edad, estilo de vida, cultura, familia, etc. y, por tanto, puede variar.

Ser compasivos con nosotros mismos y darle auténtico valor a nuestra individualidad: medirnos con la ‘barra’ de otros puede jugar más bien en nuestra contra. Y lo que le funciona al de junto no siempre va a funcionarme de igual modo.

Conocer las propiedades de los alimentos, las diferencias entre grupos alimenticios y aprender a combinarlos adecuadamente. Sí, antes que dejarnos llevar por las tendencias alimentarias o las dietas del momento.

Conocernos (en serio). Somos la persona con la que más tiempo pasamos y muchas veces, a la que menos conocemos. Irónicamente, las respuestas a muchos de nuestros conflictos pueden revelarse al observar nuestras emociones, nuestros detonadores y nuestro cuerpo. ¿Qué nos gusta?, ¿qué no?, ¿qué contribuye en serio a nuestro bienestar?, ¿qué no?, ¿qué tanto me valido a través de los demás?, ¿qué encuentro en compararme con los demás?

Encontrar la actividad física que verdaderamente disfrutamos. Nada más tortuoso que mover el cuerpo con un ejercicio o deporte al que tenemos que arrastrarnos o de plano odiamos.

*La ilustración en portada es de Fernando Cobelo y su proyecto The Ordinary Young Man.

Lo antes posteado:

Reaprender el arte de comer: sin dietas ni detox

Prueba establecer reglas en vez de metas

 

 

 

 

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