El mindfulness, entre sismos en la CDMX

Hace algunas semanas volvimos a realizar una caminata bajo la iniciativa Street Wisdom, ahora como parte de su World Wide Wander, en el que se organizaron diversas caminatas alrededor del mundo durante un mismo fin de semana.

Apenas un par de días antes, un sismo M 8.2 había sacudido Oaxaca, Chiapas y la CDMX, sin que ésta última tuviera afectaciones serias, como las que sí hubo en los otros dos estados. Era una mañana fría y lluviosa de sábado en el Parque España, en la Condesa, pero puesto que todas las asistentes somos mamás, estábamos animadas por haber logrado darnos este espacio para nosotras. Hablamos sobre cómo habíamos vivido ese jueves de temblor por la noche y luego nos entregamos a las instrucciones de la caminata.

Las tres asistentes llegaron con actitud curiosa, como de quien no sabe por dónde va la cosa. Pero conforme realizaron cada parte de la caminata, en sus rostros fueron apareciendo la sorpresa y las sonrisas, esas que se notan también en los ojos. Todas coincidieron en que habían disfrutado el ejercicio, que se habían sorprendido durante éste, e incluso habían encontrado respuesta a su pregunta, aunque no necesariamente la que hubieran esperado.

“Qué increíble experiencia. Sigo impactada de lo que viví. En cada nuevo segmento sentía otras cosas. “Cuando uno se deja llevar por la ciudad, las calles de pronto empiezan a hablar”, resumió Andrea, una de las asistentes, al terminarla.

Aquel sábado, charlamos un poco más, nos abrazamos y nos despedimos. Casi dos semanas después, otro terremoto, de Magnitud 7.1 pero con epicentro mucho más cercano a la CDMX, sí causó estragos. La zona que recorrimos se contaba entre las más afectadas. Sorpresivamente, en los días posteriores a este hecho, cada una de las asistentes encontró útil lo que había vivido en aquella caminata sabatina. Estos son sus testimonios:

“Caminar sin prisa, prestar atención a lo que me rodea y a lo que siento, respirar, escuchar y admirar la ciudad en la que vivo para reenamorarme de ella. Eso logré durante la sesión de Street Wisdom. Algunos días después, esa misma ciudad me sacudió y me forzó a buscar en los recuerdos de esa sesión las razones por las que vivo en ella. Después del terremoto, me congelé, veía caos, edificios derrumbados y malas noticias, pero estaba sola con mi hija y no podía dejarme llevar. Con el paso de los días, tuve que regresar al trabajo, a la rutina, llevar a mi hija a sus actividades, caminar, ver los cambios, ver los vacíos en la ciudad, en los lugares que acababa de recorrer, lugares con los que de una forma u otra tenía relación. Fue entonces que pude soltarme, utilizando los momentos en que estaba sola para respirar el polvo, ver las grietas y sentir la tristeza y el miedo. Todavía me falta tiempo y caminar más para terminar de reconocer mi barrio sin cambiar de acera ante las cintas amarillas y dejar de ver hacia arriba, analizando las construcciones y buscando grietas. Sin embargo, confío en que aprendí a prestar más atención a lo que siento y a lo que me rodea para pronto volver a sentirme segura en mi ciudad”. @alhe_ng

“La caminata de Street Wisdom se realizó muy cerca del edificio donde yo vivía hace más o menos tres años. Mónica, nuestra guía, nos indicó que camináramos hacia donde nos llevaran nuestros pasos, siguiendo nuestra intuición, y mis pasos me llevaron por calles que recorría con frecuencia en esa época. Inevitablemente, regresaron a mí muchos recuerdos, pero lo más valioso no fue eso, sino recordar la impermanencia de todo. Las calles que recorrí eran las mismas de hace tres años, pero los negocios, los vecinos, los detalles habían cambiado. Y yo también.
La pregunta que tenía en mente mientras caminaba tenía que ver con una ansiedad por hacer más cosas en mi día a día. La respuesta que llegó no era la que esperaba: la caminata me dejó claro que no necesito hacer más, sino avanzar con mayor lentitud, saborear más los momentos, precisamente porque nada es permanente.
Apenas diez días más tarde, un temblor sacudió mi ciudad y afectó fuertemente la zona por la cual caminamos. Pensé mucho en la meditación de aquel día y sentí tristeza por aquella colonia tan querida para mí. Pero las respuestas que encontré en la caminata también me dieron fuerza: sí, esta vida es un suspiro. Somos pequeños y estamos aquí durante poco tiempo. Pero precisamente por eso, hay que saborear el día a día, trabajar para ser la mejor versión de nosotros mismos y estar al pendiente de aquellos a nuestro alrededor. Me sentí muy agradecida con Street Wisdom el día de la caminata, pero también varias semanas después de ella. Valió mucho la pena para mí”. @carolabola
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